Día 3: El domingo amanece con un sol que raja las piedras, ya mi esposa y yo habíamos planeado salir temprano a una de esas ciudades en la costa sur que, como casi todo, se ha parado en el tiempo recogiendo la originalidad (gracias a no sé quién) de su construcción original por más de 400 años y esta es era la diferencia que le interesaba a mi esposa. Recogemos todo incluyendo la visa pagada, mi pasaporte (el cubano) -que me ratifica como nacional- y un par de pomos de agua (para evitar trastornos estomacales), nos despedimos de los familiares incluyendo a mi hijo que prefiere quedarse mataperreando con los nuevos amiguitos del barrio bajo la supervisión estricta de mi madre y partimos entonces, frescos y seguros, a un lugar que graciosamente se le llama “terminal de ómnibus”-aunque haya más camiones de carga que ómnibus para transporte público- en busca de un “viejo-móvil” que nos quisiera transportar hasta la distante ciudad. Llegando casi al punto donde se conglomeran los “almendrones”-nombre que se le da a todo vestigio del rezago automotor americano que a estas alturas lleva en sí millones de adaptaciones- nos “ataca” un conocido del barrio donde, yo, había nacido años atrás;
Él: Que hay compadre –me saluda- ¡cómo te va!, ¿pa’ dónde vas? ¿Llegaste bien el viernes? ¡Cómo te va por allá! ¿En qué país estás?
Él: Que hay compadre –me saluda- ¡cómo te va!, ¿pa’ dónde vas? ¿Llegaste bien el viernes? ¡Cómo te va por allá! ¿En qué país estás?
Yo: (¿Cual querrá él que le responda primero? y… ¿cómo este sabe que vinimos el viernes?) respondiéndole: bueno hermano que bueno verte, pues nada aquí estamos cogiendo un diez del trabajo, te presento a mí esposa -la extranjera como la sobrenombran aquí- y vinimos hasta aquí pues queremos ir hasta el sur a ver si tiramos una fotos por allá.
¿Ah sí? -me dice- Ah mira, yo tengo mi carro ahí. Qué lindo tu país (dirigiéndose claramente a mi esposa) yo trabajé un tiempo allá y tengo una hija… Si van a ir ahora mismo (repentino regreso al tema original) te llevo pues quiero estar en el juego de pelota a la 1pm y bueno me da el tiempo exacto.
Y yo que vuelvo a pensar: No sé qué tiene que ver eso con mi viaje pero, no obstante, le digo que sí, que nos lleve, y seguido a ello nos arremete él otra explicación de su parte: Está bien, perfecto - me dice él-, mira mi carro es ese de ahí, ve montándote que voy a llamar a mi esposa que la tengo que llevar hasta su casa antes de que lo lleve a ustedes….(Miro sorprendido a mi esposa) No hay remedio ¡Pero si ahora mismo él estaba tranquilamente hablando en la calle!, ¿no pudo llevarla antes?. Vuelvo a mirar a mi cónyuge, le abro los ojos, nos reímos, y le comento: ¡ya ves que las cosas no son tan fáciles! no obstante a manejar un taxi, tiene apuro por llegar al juego de beisbol y para ahorrar gasolina aprovecha que le pagamos la carrera y lleva a su mujer hasta su casa (que sabe dios donde queda), pero ya estamos metidos en esa película, así que vamos a seguir la trama a ver que mas sale en el camino. El auto “no-almendrón” parqueado nos parece conocido, nos infiltramos en él y… exactamente, era el mismo auto Peugeot “desbaratadito” que nos había transportado desde el aeropuerto pero ahora con diferente chofer y mejor no preguntar ahora por este misterio, Se aparece el chofer con su esposa cubana y un bebé en brazos a montarse también en el “desbarajuste”, nos acomodamos todos y arrancamos a llevarla, en el camino le preguntamos nos aclare el misterio de un mismo carro y dos choferes.
Él: Es que este “tarequito” es mío – confirmándolo manualmente- pero el otro muchacho me hace los viajes largos pues he tenido muchos accidentes y estoy jodido de la espalda ¿me entiendes? (Claro, ahora entendemos cual era el maltrato al cual exponía el otro chofer este carro en nuestro viaje del aeropuerto)
Yo: ah bueno si, espero y que no tengas uno de esos accidentes hoy con nosotros...¿eh? él se ríe del chistecito en lo que llegábamos al lugar (en sentido completamente contrarios a nuestro destino) donde su esposa -que no es la extranjera madre de su hija y coterránea de mi esposa- se quedaba luego de sortear un camino que parecía haber sido bombardeada por la 83 división(esto fue más rápido de lo que pensaba) dejamos la muchacha con su bebé y nos regresamos al camino del bombardeo para devolvernos al pueblo y salir, finalmente, para nuestro destino.
¿El viaje? El viaje se hacia un poco más afable con la historia del chofer. Él, había estado trabajando en el país de mi esposa, había tenido una hija allá y se las había traído (mamá e hija) para cuba, las cosas no salieron bien y ellas, sin pensarlo mucho, se habían regresado al país de origen hacía muy poco y él no sabía si retornarían a cuba en un futuro, todo esto acompañado por los elogios a la belleza del otro país en cuestión y de lo bien...(Interrupción súbita) un momento -nos dice- eso mismo nos puede servir entonces (y hace un gesto de que ha descubierto el agua fría), nosotros más sorprendidos que asustados no sabemos de que nos habla, ¡Si chico, mira! -continua él- si nos para la policía le decimos que yo la conozco a ella y que tú naciste en mi barrio y que yo no les estoy cobrando por el viaje, ¿de acuerdo?, Claro que si hermano –respondo yo con apoyo facial- pero (y ahí viene la pregunta estúpida) ¿Y por qué nos va a parar la policía? aparte de que ella tiene visa A2 de familia (señalando a mi esposa), o sea que no hay problema, ella se puede montar en cualquier cosa.
Él: ¡Ahhhh! mi herma -responde- tú no sabes na’, en el camino para las playas ahora hay unos puntos de control que la policía metió cuando descubrieron que la gente se estaba yendo ilegal en los cruceros de turismo.-silencio-
¿Y cómo en un crucero? Pregunto yo. (Seguido por una explicación minuciosa del hecho por parte de él) es que las personas acá o los familiares en Miami les pagaban a la compañía del crucero para que les llevaran los familiares, el día acordado la gente acá se iban hasta la costa en camión o en almendrón y después, mas o manso a la hora que pasaba, en balsa hasta el crucero y así se iban, ¡tremenda maniobra eh papa! pero cuando la “seguridad del estado” se enteró de eso nos metieron los puntos de control que paran a todo el mundo, pagando justos por pecadores no importa si es que te vas o llevas café o naranjas en el maletero. Me he quedado pasmado -le digo yo- esa no me la sabia, ¡coooñó! Entonces la policía te para así no importa si llevas balsa incluida o no ¿no?
Así mismo es mi herma’ –resume él-, así que mejor si nos paran les decimos que nosotros dos nos conocemos desde niños (lo cual no es mentira) y que yo conocí a tu esposa en mi viaje de trabajo hace años, que además ella tiene visa de familia y que yo no les estoy cobrando nada por el viaje ¿De acuerdo?
Yo: Claro que si compadre, y si quieres les digo también que yo te estoy pagando la gasolina para evitar más males, en resumidas tú te estás buscando tus pesitos decentemente ¿no es verdad?
Él: Así mismo es mi herma’.
Habría que haberle visto la cara de “no entiendo nada” que tenía entonces mi esposa mientras el largo (por lo lejos que se hacía) y movido viaje continuaba hasta el infinito acompañado de las historias del chofer respecto a sus accidentes hasta que, en un momento, se pone recto, baja la velocidad, se pasa el cinturón (ah! ¿Pero teníamos cinturón en el carro?) ¡Ponte el cinturón, ponte el cinturón! –me pide- y nos advierte que el punto de control se nos avecina. A lo lejos se divisa unos troncos de madera que aguantaban unas planchas de metal como techo y dos elementos azules (los policías) que, con un talonario en la mano, conversaban a la orilla de la carretera, nos acercamos al punto y como por arte de magia, los policías, que se dan cuenta de nuestro inminente acercamiento empiezan a dar la orden de que paráramos a su costado, a todas estas dentro del carro la frase: ¡coño nos pararon carajo!, Seguido por: ya ustedes saben cuál es el plan – nos imploraba- poniéndonos más nerviosos. Paramos completamente, uno de los policías se acerca al carro por la parte de chofer, yo miro a mi esposa con la intención de mostrarle confianza y que nada va a pasar, el agente en la ventanilla pide los papeles del auto, el chofer que demuestra un nerviosismo injustificado, el policía nos mira con cara de “y estos tan bañaditos quienes son”, nos pide nuestros documentos, nosotros (confiados) le entregamos mi pasaporte y el pasaporte de mi esposa con la visa pagada y acuñada dentro, el agente la revisa exquisitamente al mismo tiempo con los papeles del carro, algo no le queda claro….El Agente pregunta: es usted cubano residente en el extranjero ¿no?
Si claro -le respondo- por eso llevo pasaporte, de lo contrario llevaría carnet de identidad.
Él: Y su esposa es extranjera, ¿no?
(Ahí vamos de nuevo) Si, ella es extranjera -le confirmo- pero tenemos la visa de familia pagada, o la A2, como quieras llamarle, mírala ahí dentro del pasaporte.
Algo extraño pasa, el “poli” no se conforma y le pide al chofer que lo acompañe llevándoselo hasta el “refugio” que estaba a unos pasos más atrás mientras nosotros, con la tranquilidad de no estar haciendo nada malo, seguíamos los acontecimientos por el retrovisor e imaginando los millones de preguntas absurdas mientras el otro agente se dedica solo a pedir verificaciones por la radio, el primer agente hace la intención momentánea de acercarse al carro pero se vuelve a alejar con los pasaportes, mi esposa que se impacienta, agente y chofer empiezan en algún tipo de desacuerdo, movimientos de los brazos, manos en la cabeza, uno de ellos que se adentra en el refugio y empieza a pedir nuevamente información por la radio, el otro agente que se regresa al carro y nos devuelve los documentos dándonos las gracias y yo que le pregunto: ¿está todo bien?, Y el que me responde: si, todo bien para ustedes pero él no puede andar con extranjeros en el carro.
Yo: ¡¡¡¡¡cómo!!!!!!!¿Que qué? ¿Tú no vistes la visa que hay ahí dentro?
Poli: Si pero…… y se aleja rápidamente del carro -como si fuera a perder la única oportunidad de su vida- a parar otro artefacto que venía llenos de sacos en el techo cuando ya el agente #2 se había escondido a hablar detrás del refugio con el chofer no siendo visible por nosotros desde el retrovisor. Dos, cuatro, seis minutos, esto es demasiado tiempo, me viro hacia mi esposa y le digo: espérate aquí que voy a ver qué pasa. Me bajo de la “aspiradora” (si, porque el “desbaratadito” tenía más polvo que aspiradora vieja) y camino hasta el punto donde el chofer imploraba por la anulación de la multa que se le imponía, ¡una multa! Compadre –imploraba el chofer al poli- yo no ando a exceso de velocidad, no llevo carne de res, no transporto personal a la playa para tomar el crucero, tengo los cinturones sucios pero los tengo ¿entonces qué?. Si todo eso está bien pero andas con una extranjera en el carro -eso es lo que explica el policía. Yo, que ya estoy a su lado, todo esto me parece eso como que un chiste de mal gusto mientras el chofer, casi llorando, le explicaba al agente que él nos conocía de hace tiempo y que solo nos hacia el favor de dejarnos en esa ciudad y se regresaba, el policía inmutable completaba la multa hasta que yo ya meto la cuchareta nuevamente pero esta vez para pedir alguna explicación.
Ven acá –le digo- yo soy cubano ¿no? y mi esposa tiene la visa de familia por la cual pagamos 40 sucu-sucus ayer, entonces cual es la infracción, tú no puedes poner la multa a menos que sea por desacato, El policía me mira con cara de guapo y continua su faena, ¿Tú me escuchas? –Le instigo- Nosotros, mi esposa y yo, tenemos nuestros papeles en orden ¿entonces? tú no tienes derecho a poner esa multa, o me tienes que explicar cuál es tu razón para hacerlo, El policía me vuelve a mirar y el chofer trata de que me separe de ellos diciéndome que eso lo resuelve él (cosa que hasta ese momento no había conseguido), No chico -le quito la mano con la que me apartaba- ¡qué cosa es eso! eso no está bien y como él (refiriéndome al agente) sabe que estoy en lo cierto no quiere hablar conmigo, Mira mi hermano -dirigiéndome nuevamente al policía- si tú nos pones esa multa pues yo me voy a bajar de ese carro y me vas a tener que buscar otro carro para que me lleve hasta el pueblo y me vas a tener que buscar uno que me guste, pues si no me gusta no me voy a montar ¡qué te parece!. A todas estas mi esposa, ya nerviosa, se había bajado del carro y me pedía desde la lejanía que me regresara con ella, el chofer me pedía que no reclamara más y el otro agente me miraba con cara de insulto mientras multaba al otro auto que había parado mientras los pasajeros que se habían bajado se hacían espectadores del espectáculo. El policía que nos multaba, parece que cae en la duda de mi reclamo, y entra nuevamente al refugio, se comunica con la unidad central pidiéndole referencias de que hacer y la unidad le contesta: ¿qué tipo de problemas tienes?
Agente: Tengo un auto particular que transporta una extranjera -explica-
Unidad: Aplícale lo establecido de acuerdo al decreto -le responden-
Yo: Que no es una extranjera cualquiera ¡coño!-los interrumpo- es mi esposa y tenemos la visa A2 pagada carajo, ¿Por qué no le dices eso eh? Dile las cosas como son, es más (me viro al chofer) mira tú nos dejas aquí y ellos me van a buscar un carro o un taxi para que nos saque de este hueco, ¿está claro?, uno de los pasajeros del otro auto aprueba mi actitud.
Chofer: no chico no, no chico no hagas eso, espérate, espérate
Los ánimos ya estaban bastante exaltados de ambas partes, sobre todo de la de ellos que habían tenido que aguantar mis reclamos sin poder (no sé por qué razón) decirme nada, el otro poli se me acerca entonces y mi esposa (alterada aun mas por todas aquellas historias que ella había escuchado en las cuales la policía te cogía, te enjuiciaban o te desaparecían y no pasaba nada) cae en pánico y trata de alarme hacia el carro por el brazo mientras el agente se acerca más y nos dice: la multa es porque él no puede transportar extranjeros.
Pero es que ella es mi familia ¿o tengo yo cara de jinetero? –Le objeto- y para eso pagamos la visa ayer, y eso, ya se los dije hace rato.
No, mira, -responde el policía como tratando de que le encontrara sentido a todo esto- es que nosotros somos responsables por lo que le suceda a ella y si le pasa algo nosotros tenemos que responder.
Yo: Ya eso es demasiado, o sea ¡que pones la multa para cuidarla a ella!, para cuidarla a ella estoy yo hermano….Mire señor- interviene mi esposa- ayer en inmigración nos dijeron que mi suegra es la única responsable por mí, y nadie más, o sea que ustedes no tienen que ver nada en esta historia, ¿me entiende usted ahora? O es acaso que nos engañaron en inmigración ¿no?
No mira, eso no es así- vuelve a la carga el agente- usted puede ser familia de él pero es extranjera.
Yo: Ah no jodan compadre que yo soy extranjero o nacional según convenga –y me viro-
En ese momento, entre la imposición de mi esposa que termináramos con eso, los pasajeros del otro auto como espectadores y el chofer que lo veo salir de la caseta con tremenda cara de sufrimiento, le vuelvo a repetir al policía que me voy a quedar allí y que van a tener, ellos, que buscar otro taxi para que me transporte, pero el chofer (el doliente) tomando una posición más sumisa me dice: deja eso chico, deja eso, vámonos, vámonos, deja eso, pero yo sigo pidiendo explicaciones mientras mi esposa sigue empeñada en hacerme entrar al carro, el chofer insiste casi implorado que no lo haga, que él nos lleva y que al final solo la multa es de 250 pesos cubanos, Vamos compadre, ¡vamos! –me decía-, olvida eso, ya yo después te explico o esto se va a poner peor. mi esposa, más calmada que yo, me pide sentido común y que piense que si ya la policía se había retirado al otro carro pues que los deje y que después vemos que hacer, bueno ok, me convencen, me monto en el carro, nos amarramos los cinturones empolvados, mi esposa suspira y el chofer arranca el artefacto al mismo tiempo que hace su llegada al lugar dos agentes de la motorizada que paquean al otro lado de la carretera, el chofer se apura en chequear el trafico (ninguno por cierto, solo dos autos en todo este tiempo), rápidamente se inserta en la carreta y deja el área policial. Silencio total por varios segundos y de pronto….¡De pinga hermano! –Dice él- que clase de abuso.
¿De cuánto es la multa? pregunta mi esposa
250 pesos, que serian como 10 CUC, doce dólares americanos-responde
¿Cómo qué?-me incluyo en la conversación, doce dólares, cojones!!!!
Pero tú sabes que podía ser “peor” (esta es la famosa teoría cubana, basada en el sometimiento, de que todo suceso negativo pudiera haber sido aun más catastrófico) la pueden poner hasta de 750 pesos, unos 30 CUC –aclara él-
¿Y basado en que deciden ponerte la multa?, En lo que sea ¿no? De verdad que son unos cínicos -pero me das la multa y la voy a llevar hasta inmigración mañana para que ellos me expliquen cual es entonces el objetivo de hacernos pagar esa visa, me das la multa y yo la llevo mañana, ¿oíste?
Olvida eso ‘mano, no vayas a perder un día en eso -me trata de convencer el chofer- que clase de HP son esos tipo, no les importó la visa tan siquiera….
Yo creo que ellos quería dinero ¿no crees tú? -Interviene mi esposa.
No, no, -responde él- esos están ahí para joder a la gente y no dejar que uno se busque “4 kilos” haciendo nada, que clase me Hp son esos tipos, compadre, pero no se preocupen, yo pago esta multa.
Que ¿Qué? No papa – respondo yo- tú me das esa multa y yo la llevo mañana a inmigración, a mi me encanta poner la cosa mala…. Me la das y yo voy para que ellos me expliquen…. ¡Imagínate tú si ahora le van a meter una multa a todos los carros en que nos montemos! Esto es una locura rusa mijo…….
Y entre ofensas a la policía y planes para anular la multa nos alejamos del área sitiada sin darnos cuenta del paisaje a nuestra derecha, mas adelante pasamos por un grupo de puentes con vista al mar que finalmente captan la atención de mi esposa, les propongo paramos en una playa a tomarnos unos minutos y, al bajarnos, el aire del mar que refresca el ambiente también nos refresca a nosotros, ¡qué bueno!, caminamos por la arena, nos mojamos los pies, una jinetera se acerca pero finalmente aborta el ataque al escuchar mi acento, nos regresamos al auto y continuamos rumbo al punto final sorteando los baches, ahí está la ciudad, ahí está, pero no sin antes haber tenido que pasar el susto de otro punto de control que no nos hace caso (por suerte) a estos no le parecimos balseros. Nos insertamos en la villa bordeando el área monumental y tratando de ubicar un lugar donde bajarnos pues habían señales de “no autos” (si es que en lo que andamos se puede catalogar así), logramos desembarcar del artefacto, le pago al chofer, le dejo claro que lo llamaría esa noche para recoger la multa y nos despedimos, el da un giro para regresarse a la salida mientras a nosotros, que nos poníamos nuestras mochilas, nos asusta una voz de opera ultratumba: ¿Quieren carro?¿Necesitan transporte barato? – nos susurran-
No jodas compadre -respondo- no ves que me acabo de bajar de uno, no quiero saber de carro por buen rato, gracias. Y nos apuramos en mimetizarnos en las empedradas calles abarrotadas ya de turistas.
©A. Valdés
