25 marzo 2010

Capítulo 5.“Infierno en la carretera”

Día 3: El domingo amanece con un sol que raja las piedras, ya mi esposa y yo habíamos planeado salir temprano a una de esas ciudades en la costa sur que, como casi todo, se ha parado en el tiempo recogiendo la originalidad (gracias a no sé quién) de su construcción original por más de 400 años y esta es era la diferencia que le interesaba a mi esposa. Recogemos todo incluyendo la visa pagada, mi pasaporte (el cubano) -que me ratifica como nacional- y un par de pomos de agua (para evitar trastornos estomacales), nos despedimos de los familiares incluyendo a mi hijo que prefiere quedarse mataperreando con los nuevos amiguitos del barrio bajo la supervisión estricta de mi madre y partimos entonces, frescos y seguros, a un lugar que graciosamente se le llama “terminal de ómnibus”-aunque haya más camiones de carga que ómnibus para transporte público- en busca de un “viejo-móvil” que nos quisiera transportar hasta la distante ciudad. Llegando casi al punto donde se conglomeran los “almendrones”-nombre que se le da a todo vestigio del rezago automotor americano que a estas alturas lleva en sí millones de adaptaciones- nos “ataca” un conocido del barrio donde, yo, había nacido años atrás;
Él: Que hay compadre –me saluda- ¡cómo te va!, ¿pa’ dónde vas? ¿Llegaste bien el viernes? ¡Cómo te va por allá! ¿En qué país estás?
Yo: (¿Cual querrá él que le responda primero? y… ¿cómo este sabe que vinimos el viernes?) respondiéndole: bueno hermano que bueno verte, pues nada aquí estamos cogiendo un diez del trabajo, te presento a mí esposa -la extranjera como la sobrenombran aquí- y vinimos hasta aquí pues queremos ir hasta el sur a ver si tiramos una fotos por allá.
¿Ah sí? -me dice- Ah mira, yo tengo mi carro ahí. Qué lindo tu país (dirigiéndose claramente a mi esposa) yo trabajé un tiempo allá y tengo una hija… Si van a ir ahora mismo (repentino regreso al tema original) te llevo pues quiero estar en el juego de pelota a la 1pm y bueno me da el tiempo exacto.
Y yo que vuelvo a pensar: No sé qué tiene que ver eso con mi viaje pero, no obstante, le digo que sí, que nos lleve, y seguido a ello nos arremete él otra explicación de su parte: Está bien, perfecto - me dice él-, mira mi carro es ese de ahí, ve montándote que voy a llamar a mi esposa que la tengo que llevar hasta su casa antes de que lo lleve a ustedes….(Miro sorprendido a mi esposa) No hay remedio ¡Pero si ahora mismo él estaba tranquilamente hablando en la calle!, ¿no pudo llevarla antes?. Vuelvo a mirar a mi cónyuge, le abro los ojos, nos reímos, y le comento: ¡ya ves que las cosas no son tan fáciles! no obstante a manejar un taxi, tiene apuro por llegar al juego de beisbol y para ahorrar gasolina aprovecha que le pagamos la carrera y lleva a su mujer hasta su casa (que sabe dios donde queda), pero ya estamos metidos en esa película, así que vamos a seguir la trama a ver que mas sale en el camino. El auto “no-almendrón” parqueado nos parece conocido, nos infiltramos en él y… exactamente, era el mismo auto Peugeot “desbaratadito” que nos había transportado desde el aeropuerto pero ahora con diferente chofer y mejor no preguntar ahora por este misterio, Se aparece el chofer con su esposa cubana y un bebé en brazos a montarse también en el “desbarajuste”, nos acomodamos todos y arrancamos a llevarla, en el camino le preguntamos nos aclare el misterio de un mismo carro y dos choferes.
Él: Es que este “tarequito” es mío – confirmándolo manualmente- pero el otro muchacho me hace los viajes largos pues he tenido muchos accidentes y estoy jodido de la espalda ¿me entiendes? (Claro, ahora entendemos cual era el maltrato al cual exponía el otro chofer este carro en nuestro viaje del aeropuerto)
Yo: ah bueno si, espero y que no tengas uno de esos accidentes hoy con nosotros...¿eh? él se ríe del chistecito en lo que llegábamos al lugar (en sentido completamente contrarios a nuestro destino) donde su esposa -que no es la extranjera madre de su hija y coterránea de mi esposa- se quedaba luego de sortear un camino que parecía haber sido bombardeada por la 83 división(esto fue más rápido de lo que pensaba) dejamos la muchacha con su bebé y nos regresamos al camino del bombardeo para devolvernos al pueblo y salir, finalmente, para nuestro destino.
¿El viaje? El viaje se hacia un poco más afable con la historia del chofer. Él, había estado trabajando en el país de mi esposa, había tenido una hija allá y se las había traído (mamá e hija) para cuba, las cosas no salieron bien y ellas, sin pensarlo mucho, se habían regresado al país de origen hacía muy poco y él no sabía si retornarían a cuba en un futuro, todo esto acompañado por los elogios a la belleza del otro país en cuestión y de lo bien...(Interrupción súbita) un momento -nos dice- eso mismo nos puede servir entonces (y hace un gesto de que ha descubierto el agua fría), nosotros más sorprendidos que asustados no sabemos de que nos habla, ¡Si chico, mira! -continua él- si nos para la policía le decimos que yo la conozco a ella y que tú naciste en mi barrio y que yo no les estoy cobrando por el viaje, ¿de acuerdo?, Claro que si hermano –respondo yo con apoyo facial- pero (y ahí viene la pregunta estúpida) ¿Y por qué nos va a parar la policía? aparte de que ella tiene visa A2 de familia (señalando a mi esposa), o sea que no hay problema, ella se puede montar en cualquier cosa.
Él: ¡Ahhhh! mi herma -responde- tú no sabes na’, en el camino para las playas ahora hay unos puntos de control que la policía metió cuando descubrieron que la gente se estaba yendo ilegal en los cruceros de turismo.-silencio-
¿Y cómo en un crucero? Pregunto yo. (Seguido por una explicación minuciosa del hecho por parte de él) es que las personas acá o los familiares en Miami les pagaban a la compañía del crucero para que les llevaran los familiares, el día acordado la gente acá se iban hasta la costa en camión o en almendrón y después, mas o manso a la hora que pasaba, en balsa hasta el crucero y así se iban, ¡tremenda maniobra eh papa! pero cuando la “seguridad del estado” se enteró de eso nos metieron los puntos de control que paran a todo el mundo, pagando justos por pecadores no importa si es que te vas o llevas café o naranjas en el maletero. Me he quedado pasmado -le digo yo- esa no me la sabia, ¡coooñó! Entonces la policía te para así no importa si llevas balsa incluida o no ¿no?
Así mismo es mi herma’ –resume él-, así que mejor si nos paran les decimos que nosotros dos nos conocemos desde niños (lo cual no es mentira) y que yo conocí a tu esposa en mi viaje de trabajo hace años, que además ella tiene visa de familia y que yo no les estoy cobrando nada por el viaje ¿De acuerdo?
Yo: Claro que si compadre, y si quieres les digo también que yo te estoy pagando la gasolina para evitar más males, en resumidas tú te estás buscando tus pesitos decentemente ¿no es verdad?
Él: Así mismo es mi herma’.
Habría que haberle visto la cara de “no entiendo nada” que tenía entonces mi esposa mientras el largo (por lo lejos que se hacía) y movido viaje continuaba hasta el infinito acompañado de las historias del chofer respecto a sus accidentes hasta que, en un momento, se pone recto, baja la velocidad, se pasa el cinturón (ah! ¿Pero teníamos cinturón en el carro?) ¡Ponte el cinturón, ponte el cinturón! –me pide- y nos advierte que el punto de control se nos avecina. A lo lejos se divisa unos troncos de madera que aguantaban unas planchas de metal como techo y dos elementos azules (los policías) que, con un talonario en la mano, conversaban a la orilla de la carretera, nos acercamos al punto y como por arte de magia, los policías, que se dan cuenta de nuestro inminente acercamiento empiezan a dar la orden de que paráramos a su costado, a todas estas dentro del carro la frase: ¡coño nos pararon carajo!, Seguido por: ya ustedes saben cuál es el plan – nos imploraba- poniéndonos más nerviosos. Paramos completamente, uno de los policías se acerca al carro por la parte de chofer, yo miro a mi esposa con la intención de mostrarle confianza y que nada va a pasar, el agente en la ventanilla pide los papeles del auto, el chofer que demuestra un nerviosismo injustificado, el policía nos mira con cara de “y estos tan bañaditos quienes son”, nos pide nuestros documentos, nosotros (confiados) le entregamos mi pasaporte y el pasaporte de mi esposa con la visa pagada y acuñada dentro, el agente la revisa exquisitamente al mismo tiempo con los papeles del carro, algo no le queda claro….El Agente pregunta: es usted cubano residente en el extranjero ¿no?
Si claro -le respondo- por eso llevo pasaporte, de lo contrario llevaría carnet de identidad.
Él: Y su esposa es extranjera, ¿no?
(Ahí vamos de nuevo) Si, ella es extranjera -le confirmo- pero tenemos la visa de familia pagada, o la A2, como quieras llamarle, mírala ahí dentro del pasaporte.
Algo extraño pasa, el “poli” no se conforma y le pide al chofer que lo acompañe llevándoselo hasta el “refugio” que estaba a unos pasos más atrás mientras nosotros, con la tranquilidad de no estar haciendo nada malo, seguíamos los acontecimientos por el retrovisor e imaginando los millones de preguntas absurdas mientras el otro agente se dedica solo a pedir verificaciones por la radio, el primer agente hace la intención momentánea de acercarse al carro pero se vuelve a alejar con los pasaportes, mi esposa que se impacienta, agente y chofer empiezan en algún tipo de desacuerdo, movimientos de los brazos, manos en la cabeza, uno de ellos que se adentra en el refugio y empieza a pedir nuevamente información por la radio, el otro agente que se regresa al carro y nos devuelve los documentos dándonos las gracias y yo que le pregunto: ¿está todo bien?, Y el que me responde: si, todo bien para ustedes pero él no puede andar con extranjeros en el carro.
Yo: ¡¡¡¡¡cómo!!!!!!!¿Que qué? ¿Tú no vistes la visa que hay ahí dentro?
Poli: Si pero…… y se aleja rápidamente del carro -como si fuera a perder la única oportunidad de su vida- a parar otro artefacto que venía llenos de sacos en el techo cuando ya el agente #2 se había escondido a hablar detrás del refugio con el chofer no siendo visible por nosotros desde el retrovisor. Dos, cuatro, seis minutos, esto es demasiado tiempo, me viro hacia mi esposa y le digo: espérate aquí que voy a ver qué pasa. Me bajo de la “aspiradora” (si, porque el “desbaratadito” tenía más polvo que aspiradora vieja) y camino hasta el punto donde el chofer imploraba por la anulación de la multa que se le imponía, ¡una multa! Compadre –imploraba el chofer al poli- yo no ando a exceso de velocidad, no llevo carne de res, no transporto personal a la playa para tomar el crucero, tengo los cinturones sucios pero los tengo ¿entonces qué?. Si todo eso está bien pero andas con una extranjera en el carro -eso es lo que explica el policía. Yo, que ya estoy a su lado, todo esto me parece eso como que un chiste de mal gusto mientras el chofer, casi llorando, le explicaba al agente que él nos conocía de hace tiempo y que solo nos hacia el favor de dejarnos en esa ciudad y se regresaba, el policía inmutable completaba la multa hasta que yo ya meto la cuchareta nuevamente pero esta vez para pedir alguna explicación.
Ven acá –le digo- yo soy cubano ¿no? y mi esposa tiene la visa de familia por la cual pagamos 40 sucu-sucus ayer, entonces cual es la infracción, tú no puedes poner la multa a menos que sea por desacato, El policía me mira con cara de guapo y continua su faena, ¿Tú me escuchas? –Le instigo- Nosotros, mi esposa y yo, tenemos nuestros papeles en orden ¿entonces? tú no tienes derecho a poner esa multa, o me tienes que explicar cuál es tu razón para hacerlo, El policía me vuelve a mirar y el chofer trata de que me separe de ellos diciéndome que eso lo resuelve él (cosa que hasta ese momento no había conseguido), No chico -le quito la mano con la que me apartaba- ¡qué cosa es eso! eso no está bien y como él (refiriéndome al agente) sabe que estoy en lo cierto no quiere hablar conmigo, Mira mi hermano -dirigiéndome nuevamente al policía- si tú nos pones esa multa pues yo me voy a bajar de ese carro y me vas a tener que buscar otro carro para que me lleve hasta el pueblo y me vas a tener que buscar uno que me guste, pues si no me gusta no me voy a montar ¡qué te parece!. A todas estas mi esposa, ya nerviosa, se había bajado del carro y me pedía desde la lejanía que me regresara con ella, el chofer me pedía que no reclamara más y el otro agente me miraba con cara de insulto mientras multaba al otro auto que había parado mientras los pasajeros que se habían bajado se hacían espectadores del espectáculo. El policía que nos multaba, parece que cae en la duda de mi reclamo, y entra nuevamente al refugio, se comunica con la unidad central pidiéndole referencias de que hacer y la unidad le contesta: ¿qué tipo de problemas tienes?
Agente: Tengo un auto particular que transporta una extranjera -explica-
Unidad: Aplícale lo establecido de acuerdo al decreto -le responden-
Yo: Que no es una extranjera cualquiera ¡coño!-los interrumpo- es mi esposa y tenemos la visa A2 pagada carajo, ¿Por qué no le dices eso eh? Dile las cosas como son, es más (me viro al chofer) mira tú nos dejas aquí y ellos me van a buscar un carro o un taxi para que nos saque de este hueco, ¿está claro?, uno de los pasajeros del otro auto aprueba mi actitud.
Chofer: no chico no, no chico no hagas eso, espérate, espérate
Los ánimos ya estaban bastante exaltados de ambas partes, sobre todo de la de ellos que habían tenido que aguantar mis reclamos sin poder (no sé por qué razón) decirme nada, el otro poli se me acerca entonces y mi esposa (alterada aun mas por todas aquellas historias que ella había escuchado en las cuales la policía te cogía, te enjuiciaban o te desaparecían y no pasaba nada) cae en pánico y trata de alarme hacia el carro por el brazo mientras el agente se acerca más y nos dice: la multa es porque él no puede transportar extranjeros.
Pero es que ella es mi familia ¿o tengo yo cara de jinetero? –Le objeto- y para eso pagamos la visa ayer, y eso, ya se los dije hace rato.
No, mira, -responde el policía como tratando de que le encontrara sentido a todo esto- es que nosotros somos responsables por lo que le suceda a ella y si le pasa algo nosotros tenemos que responder.
Yo: Ya eso es demasiado, o sea ¡que pones la multa para cuidarla a ella!, para cuidarla a ella estoy yo hermano….Mire señor- interviene mi esposa- ayer en inmigración nos dijeron que mi suegra es la única responsable por mí, y nadie más, o sea que ustedes no tienen que ver nada en esta historia, ¿me entiende usted ahora? O es acaso que nos engañaron en inmigración ¿no?
No mira, eso no es así- vuelve a la carga el agente- usted puede ser familia de él pero es extranjera.
Yo: Ah no jodan compadre que yo soy extranjero o nacional según convenga –y me viro-
En ese momento, entre la imposición de mi esposa que termináramos con eso, los pasajeros del otro auto como espectadores y el chofer que lo veo salir de la caseta con tremenda cara de sufrimiento, le vuelvo a repetir al policía que me voy a quedar allí y que van a tener, ellos, que buscar otro taxi para que me transporte, pero el chofer (el doliente) tomando una posición más sumisa me dice: deja eso chico, deja eso, vámonos, vámonos, deja eso, pero yo sigo pidiendo explicaciones mientras mi esposa sigue empeñada en hacerme entrar al carro, el chofer insiste casi implorado que no lo haga, que él nos lleva y que al final solo la multa es de 250 pesos cubanos, Vamos compadre, ¡vamos! –me decía-, olvida eso, ya yo después te explico o esto se va a poner peor. mi esposa, más calmada que yo, me pide sentido común y que piense que si ya la policía se había retirado al otro carro pues que los deje y que después vemos que hacer, bueno ok, me convencen, me monto en el carro, nos amarramos los cinturones empolvados, mi esposa suspira y el chofer arranca el artefacto al mismo tiempo que hace su llegada al lugar dos agentes de la motorizada que paquean al otro lado de la carretera, el chofer se apura en chequear el trafico (ninguno por cierto, solo dos autos en todo este tiempo), rápidamente se inserta en la carreta y deja el área policial. Silencio total por varios segundos y de pronto….¡De pinga hermano! –Dice él- que clase de abuso.
¿De cuánto es la multa? pregunta mi esposa
250 pesos, que serian como 10 CUC, doce dólares americanos-responde
¿Cómo qué?-me incluyo en la conversación, doce dólares, cojones!!!!
Pero tú sabes que podía ser “peor” (esta es la famosa teoría cubana, basada en el sometimiento, de que todo suceso negativo pudiera haber sido aun más catastrófico) la pueden poner hasta de 750 pesos, unos 30 CUC –aclara él-
¿Y basado en que deciden ponerte la multa?, En lo que sea ¿no? De verdad que son unos cínicos -pero me das la multa y la voy a llevar hasta inmigración mañana para que ellos me expliquen cual es entonces el objetivo de hacernos pagar esa visa, me das la multa y yo la llevo mañana, ¿oíste?
Olvida eso ‘mano, no vayas a perder un día en eso -me trata de convencer el chofer- que clase de HP son esos tipo, no les importó la visa tan siquiera….
Yo creo que ellos quería dinero ¿no crees tú? -Interviene mi esposa.
No, no, -responde él- esos están ahí para joder a la gente y no dejar que uno se busque “4 kilos” haciendo nada, que clase me Hp son esos tipos, compadre, pero no se preocupen, yo pago esta multa.
Que ¿Qué? No papa – respondo yo- tú me das esa multa y yo la llevo mañana a inmigración, a mi me encanta poner la cosa mala…. Me la das y yo voy para que ellos me expliquen…. ¡Imagínate tú si ahora le van a meter una multa a todos los carros en que nos montemos! Esto es una locura rusa mijo…….
Y entre ofensas a la policía y planes para anular la multa nos alejamos del área sitiada sin darnos cuenta del paisaje a nuestra derecha, mas adelante pasamos por un grupo de puentes con vista al mar que finalmente captan la atención de mi esposa, les propongo paramos en una playa a tomarnos unos minutos y, al bajarnos, el aire del mar que refresca el ambiente también nos refresca a nosotros, ¡qué bueno!, caminamos por la arena, nos mojamos los pies, una jinetera se acerca pero finalmente aborta el ataque al escuchar mi acento, nos regresamos al auto y continuamos rumbo al punto final sorteando los baches, ahí está la ciudad, ahí está, pero no sin antes haber tenido que pasar el susto de otro punto de control que no nos hace caso (por suerte) a estos no le parecimos balseros. Nos insertamos en la villa bordeando el área monumental y tratando de ubicar un lugar donde bajarnos pues habían señales de “no autos” (si es que en lo que andamos se puede catalogar así), logramos desembarcar del artefacto, le pago al chofer, le dejo claro que lo llamaría esa noche para recoger la multa y nos despedimos, el da un giro para regresarse a la salida mientras a nosotros, que nos poníamos nuestras mochilas, nos asusta una voz de opera ultratumba: ¿Quieren carro?¿Necesitan transporte barato? – nos susurran-
No jodas compadre -respondo- no ves que me acabo de bajar de uno, no quiero saber de carro por buen rato, gracias. Y nos apuramos en mimetizarnos en las empedradas calles abarrotadas ya de turistas.

©A. Valdés

17 marzo 2010

Capítulo 4. “Camino a las 48 horas”

Caminando desde la oficina de inmigración al único banco abierto en toda la ciudad, superaba (bajo una incesante lluvia) las primeras 24 horas del glorioso aterrizaje y, ya que había tenido que dejar a mi familia cuidando la cola en el lugar, mi única compañía en la travesía por los sellos eran un paraguas y los dedos de los pies más sucios que loco callejero a los cuales le adjuntaría –después de obtener las estampillas- una inevitable cara de angustia al haber gastado 80 CUC en menos de lo que canta un gallo... ¡Qué clase de día me ha tocado hacer esto!!!!... pero sin protestar eh! Pues a quien se le ocurre usar sandalias en un día de lluvia ¡eh! y, más bien, de vuelta rapidito no vaya a ser que, por esas cosas de la vida, se me vaya a merendar él acuñador.
Llego al fin de vuelta a la gloriosa oficina (la mulata menudita me echa una mirada de “!mira quien llega!”) visible desde la puerta principal, alcanzo ver a mi esposa y mi mamá en la oficina que esperaban pacientemente la ultima revisada de los pasaportes antes de comenzar con el arduo papeleo (que es completamente manual como la producción del tabaco), me inserto a la agonía y por ahí mismo que el acuñador, aprovechándolo, me “dejarme caer” una de esas pregunticas que, por teléfono, había tratado de esquivar anteriormente.
Acuñador: ¿Y… es que ustedes no están casados? (labio inferior hacia adelante y ojos ligeramente achinados que indican signo de interrogación de respuesta indefinida)
(¡Ahora sí!, mira que la evité…a ver cómo le explico) mira señor -respondo- nosotros vivimos en unión libre, o sea “ajuntados” como se dice aquí, pero en el país en el que residimos es una unión reconocida legalmente, ¿entiende?
Acuñador: ¿pero están casados entonces?
Respuesta: no, no por papeles (explicación que no tenía sentido la segunda vez pues los cubanos somos los reyes de vivir “ajuntados” y declararnos como marido y mujer) como ya le dije, la unión libre es reconocida por la ley, es legal.... (Y así sigo explicando hasta que caigo en cuenta, por la cara del acuñador, de que no llegaríamos a ningún lugar) entonces me voy por la variante “B” y le digo: Bueno, en resumidas ella es la madre de mi hijo que lleva el apellido mío y el de ella y aquí tenemos la certificación de nacimiento.
Acuñador: ¿a si? ¿Me la dejas ver?
Nacional: si, como no
El acuñador coge en sus manos la fotocopia impecable del documento original en inglés, le da vueltas al derecho y al revés (por un momento pensé en ofrecerle una traducción pero preferí esperar) se toma su tiempo, la revisa nuevamente, se acerca a la hoja, se la aleja, se sonríe, nos mira, la pone en la mesa y, finalmente, nos la devuelve con una frase ya esperada: Bueno..uhum, uhum… la certificación no está muy clara pero está bien, vamos a hacer esto.
¡No me digas!!! ¿Que más nos podría haber alegado este “angelito” para evitar delatarse y confiarnos que no entendía el inglés? ¡y mira que estuve a punto de preguntarle! pero no, el había escogido la opción de menospreciar el documento sin haber entendido un pito, mi esposa trató de decir algo y yo con mi mano le hacia la seña de que no, de que por ahora no, de que esto se haría más largo y que él se había dado ya por vencido, era mejor no molestarlo más en resumidas la superioridad se acaba después de la pena y así fue, a partir de ahí todo se desarrolló con el movimiento habitual de las instituciones cubanas, millones de papeles a completar manualmente (y milagrosamente todas por el acuñador), saca papeles de la gaveta, vuélvelos a engavetar, completa otro, acuña a los sellos del banco, saca sellos nuevos de una caja fuerte en su derecha, cuenta los que les quedan, cierra la caja fuerte , ponle los sellos a la tarjeta de turista… ¡vaya!, que todo un espectáculo que ya casi terminaba cuando, como para ponerle la tapa al pomo, se nos “inserta” en la ceremonia una trabajadora “cariangustiada” que hasta ese momento se había auto-excluido en la habitación inmediata y que con tono irónico, sin pedir permiso, nos interrumpe diciendo: la próxima vez aquí hay que venir correctamente vestido (mirando al acuñador y señalándome con la mano) no se puede entrar en short y chancleta ¿está bien? ( todo esto sin haber tenido la amabilidad de mirarnos directamente por una fracción de segundo no obstante a estar refiriéndose a mí) mi primer pensamiento es: ¿Cómo alguien puede tener tanto tiempo sin hacer nada como para estas estupideces? Me parecía transportarme a los años 80 cuando nos multaban por andar en camiseta bajo 33 grados de temperatura, ¿existirá realmente un reglamento (como dirían ellos) que estipule eso? Muchas preguntas sin respuestas en mi cabeza, opto entonces por mirarla con una sonrisa dibujada intencionalmente en mis labios mientras mi esposa me abre los ojos sin que todavía con ello, “el satélite”, nos mire ¿y qué encuentro? Pues al repararla me doy cuenta que el satélite –si, ella misma- no obstante a su “decoro” vestía una saya-shorts más corta que los shorts que yo vestía y unos tenis descalzados -al más puro estilo del chancleteo- que para que contar, el acuñador -por su parte- en las tres milésimas de segundos que dura todo esto le echa una mirada de poco caso y regresa a su faena, entonces… para que hacer caso yo ¿verdad? Mejor me concentro en el papeleo y dejo que al satélite la mate su rabia. al fin, a “la decorosa”, con la actitud de “yo ya lo dije, allá ustedes” no le queda otro remedio que salir de la oficina al sentirse completamente aislada y nosotros, entre risas escondidas y conversaciones, que seguíamos esperando por el final de la “traumatología”, pasan los minutos, se termina el proceso, firmamos todo lo necesario, el acuñador le hace “un conteo de protección” a mi mamá aclarándole que “solo ella” es la responsable si le sucede algo a “los extranjeros” y otro conteo de protección a mi esposa de que no puede, bajo ningún concepto, dejar el papelito -visa acuñada- en la casa “por si cualquier cosa” ( sabrá dios cuantas “cualquier cosas” puede entrar en este concepto), pero al fin acabamos y salimos del cubículo, la mulata del pariente mayor nos mira con cara de que al fin terminamos y le dice a su compañía “vamos papito” (¡ya!, sé delató: ¡era el padre! esa variante no la imaginé), cogemos los paraguas y nos marchamos derechitos a caminar la ciudad pues hay que celebrar la tranquilidad pagada ¿no?
Como buenos turistas, nos excedimos en la caminata vespertina para terminar hacinados en lo que se conoce como los famosos: “rapiditos”, nombre que no se sabe si responde irónicamente a la velocidad del servicio o al tiempo que uno es capaz de estar dentro sin querer suicidarse y donde afloran, usualmente, los afortunados de la ciudad que pueden pagarse la cerveza y el ron “de exportación”, allí, ya que mi hijo estaba que explotaba del hambre, depositamos nuestros sentaderos y mientras nos hidratamos pedimos una de esas famosas y gloriosas pizzas que si los residentes de Nápoles la descubren nos invaden con la OTAN para impedir de una vez su elaboración. Haciendo el chequeo habitual “rapidito in situ”encontramos que el lugar no “ostentaba” mucho olor “extra” pero el habitual servicio bien lento y la música de fondo más alta que cualquiera de las conversaciones en las mesas, mi hijo saboreaba ya al fin su pizza “anoréxica” y de pronto una pregunta: ¿se puede fumar aquí?-indaga mi esposa- creo que sí, ¡no se! –Le contesto-
Ella nunca había fumado, no que yo sepa, miro a los lados rápidamente, no veo prohibición alguna, o sea, que mi respuesta fundamentada en el conocimiento pleno de que en cuba se podía fumar en cualquier lugar estaba OK, Silencio total, solo se escucha el mascar de mi hijo…y…. me pregunta de nuevo ¿Tú estás seguro de que se puede fumar aquí?
Mi respuesta: creo que sí, ¿por qué?
Es que esa mulata de al lado prendió un cigarro y estamos en aire acondicionado, entiendes ahora? (Me susurra en el oído)
Sin mucha diplomacia miro al lado y percibo una de esas mulatas (nada que ver con la anterior del familiar mayor) que viste ajustado con varias cadenas, pulseras y argollas de oro, sombra azul en el parpado de los ojos y habituales extensiones de pelo mientras hace alarde de un cigarro “del enemigo” muy próximo a nosotros. Rápidamente, como ventilador en verano, busco algo que apoyara el pedido de mi esposa hasta que, en una esquinita, visualizo la señal de no fumar la cual, inclusive para “la mulata disfrazada”, era fácilmente visible….Fracciones de segundos y entonces se me desborda el ineludible cubaneo: !pssst, pssst, disculpa!!! Y le indico con mi mano la señal de prohibición en la pared mientras con mi cara le dejo saber mi inconformidad.
Ella: sonríe a la secuaz que estaba sentada frente y que asentaba en cuanto ella decía o hacia.
Yo: le vuelvo a hacer la muequita que significa: “apaga el cigarrito mamita”.
Ella: se vuelve a sonreír irónicamente mientras titubea en apagarlo
Yo: le boto un poco de aire por mi nariz dejando notar mi desconcierto y le muestro poco caso.
Ella: poco a poco se convence y con el mismo, poco a poco, va apagando “al enemigo” hasta que extermina completamente el último reducto de humo en sus manos pero, con la misma, dirigiéndose a su secuaz y, ligeramente altisonante para que se escuchara más allá del límite de su mesa, exclama: ¡es que siempre hay uno, “beibi”, siempre hay uno!!!!.
Yo que la escucho y, que ya tenía bastante con haber estado en inmigración, le contesto con un tono un poco más irónico que el de ella: si, es verdad que siempre hay uno y hoy ese soy yo, pero tienes que entender que estamos en un lugar cerrado y con aire acondicionado, ¡por favor eh!
Y aquí su respuesta: Mira mi chino (me dice la mulata pésima observadora ¿pues yo de chino? Uhmm!!!), eso del aire acondicionado no importa pues, el aire aquí, no es como en el extranjero (su secuaz consiente y sonríe) aquí el aire solo tira –y hace un gesto con la mano- y allá fuera (en el extranjero habrá querido decir) el aire tira y bota (la secuaz vuelve a consentir con la cabeza), ¿me entiendes?
No, claro que no entiendo pero igual te respondo: mira… (Sin apodos pues con ese tamaño de ojos el denominador de china no es posible) si tú crees eso, estás muy equivocada, pero igual, gracias por apagar el cigarro -y me viro a mi mesa. Para ella todo esto es demasiado, arriba de haber apagado el vicio también tenía que aguantar que la desmintieran y la trataran con decencia..¡No, que va!!!! Ahí viene otra vez….
No mi chino, no, no estoy equivocada (iniciación acompañada de un inmenso manoteo), el aire acondicionado de aquí solo tira y “afuera” (referencia clara al más allá de las fronteras marítimas cubanas) los aires tiran y recogen para botar, además el aire de aquí no recoge pues le ponen una sola velocidad que tiene, te lo digo yo que vivo en el extranjero hace 10 años (su secuaz hace gesto de victoria)
(Esto sí es el colmo) ¡Ah no jodas! Le digo yo, ¿Ah sí? Afortunada tu que puedes vivir en el extranjero, pero da igual, aunque no entiendo lo que dices gracias por apagar el cigarro, muchas gracias -y le doy definitivamente la espalda para evitar alguna otra replica aprovechando que un mulato cariñoso se le acerca a la fumadora.
En nuestra mesa nos miramos sin haber entendido que había querido decir esta mujer con toda esa verborrea barbárica e incoherente de la velocidad, el tira y el bota de cuba o el extranjero sin hacer mucho hincapié no vaya a ser que nos convenza de esa estupidez, y si ya terminamos con la merienda lo mejor es salir que ya es suficiente haber estado en inmigración como para también tener que lidiar con una desaprobada de técnico medio en refrigeración con curso en el extranjero, es más, creo que lo mejor es regresarnos al pueblo. Así lo hicimos, en segundos salimos a buscar un taxi para terminar montados en un carretón con caballo (después de haber esperado por 15 minutos que la novia del “jinete” terminara sus compras) que nos lleva hasta la terminal y allí, 20 minutos más para que apareciera el primer almendrón con MP3 empotrado que nos quisiera transportar los 40 minutos de curvas y baches hasta la casa y poder dejar atrás esa ciudad que parecía haber sido embrujada por la lluvia.
© A. Valdés

11 marzo 2010

Capítulo 3. “la moneda dura”.

Saber cómo funciona la bolsa de valores nunca fue mí fuerte y menos ahora cuando comprobé que no importa cuán brutal o misterioso sean los términos monetarios, la explicación de la recesión o hasta los factores de la inflación mundial, por sobre todos ellos, se erige: la “CADECA” (CAsa DE CAmbio cubana) una institución que, como todos saben, responde al banco central gubernamental y, como tal, tiene -o hace- su propia presunción del valor de “los dineros” cubanos en relación al extranjero así como, también hacen, su apreciación muy personal del sentido triunfante de la economía cubana. Con estos antecedentes me dirijo a la edificación insigne del diseño cubano en el pueblo; envidiada ubicación al centro precedido de anchas columnas, mucho cristal, mucho aluminio y muchas rejas para evitar los sustos, en fin, una construcción desenlazada completamente con la arquitectura que la rodea no obstante a ser la única bien pintada. Sentados en los alrededores del local, bajo 32 grados, los “agentes de cambio no autorizados” (vendedores de dólares) que tratan de convencerme de que tienen mejores ofertas que las de “adentro” mientras el portero de la Cadeca -puerta en mano- espera mi decisión final para dejarme –o no- entrar, todo esto sucede en fracciones de segundos hasta que, finalmente, franqueando los vendedores de dólares que luchan sus pesitos “pues la vida está muy dura”, compradores que te ofrecen 50 centavos-pesos más por cada dólar y hasta otros, que sin saber la razón, han estado sentados toda una vida en esa esquina, logro entrar al sitio. ¿Su interior?, agradables 20 grados de temperatura, corbata y blazer, amabilidad, no hay sudor en las caras de los que atienden y hasta un gracioso pan con croqueta adorna al otro lado del cristal de una de las ventanillas. Me siento en una de las 3 únicas sillas del lugar (lógica: no hay muchos que vayan a cambiar) espero mi turno que llega inmediato, saco el dinero, me dirijo a la barra, sonrisa de la joven al otro lado como si me conociera y entonces la pregunta:
¿Cuánto tú vas a cambiar? (Parece que me conoce pues me tutea, pero yo no la recuerdo)
Bueno no sé, ¿a como está el cambio? (Res-pregunta)
Muchacha con croqueta mirando mi dinero: por cada 100 de los tuyos te damos 82 CUC.
Nacional: ¿cómo? ¿Nada más eso? Tú sabes cuánto yo tengo que trabajar por 100 dólares para tener que regalar casi 20, solo por cambiarlo?
Muchacha con croqueta: bueno si, me imagino, pero alégrate que ahora el cambio está bueno, hace dos días te daban 80.
O sea, que aparte de tenerle que dar, casi irrazonablemente, 20 dólares por cada 100 que quiera cambiar, también les tengo que estas agradecido pues, en resumidas, ellos me están haciendo un favor, no hay remedio tengo que decir algo.
Nacional: 'ñooo!!! De madre que descaro!!!, yo sé no es tu culpa pero cooooooño!!
Muchacha (que ya había mordido la croqueta y con cara de querer hacerme entender lo que ni ellos mismos entienden) me dice: Bueno tú sabes!!! ¿No?,
Y... yo que tengo que saber? Si yo fuera adivino me jugaba la lotería, pero no lo soy. ahora tengo que cambiar el dinero, estar agradecido y tener que “saber” algo de lo que nunca se ha hablado, está bien, tengo que jugar con sus reglas, le doy el dinero a la joven que seguía masticando su manjar, hace sus cuentas matemáticas en la computadora, se rasca la cabeza, se toma su tiempo, me dice el total, yo concuerdo, me da el recibo, los CUC ( que un amigo ingenioso, que también había pasado por eso, los catalogaría como los SUCU-SUCU) los cuento y dándole yo las gracias, al mismo tiempo que el portero me abre la puerta, salgo yo más descontento que complacido del lugarcito.
cruzo al frente para la tienda donde todo se vende en esa moneda, el CUC, la dura  - dureza que no se basa en que sea difícil de romper sino por lo duro de entender que se hace el acto del impuesto que te cobran-, para matar las penas compro una cervezas, unos refrescos y algo más de alimento lo cual me cuesta una millonada, suerte que no me dio por comprar aceitunas o aceite de oliva sino me arruino y tengo que regresar a la CADECA, parto a paso cansado con todo esto hasta la casa de mis padres saludando en el camino a otros muchos que no veía hacia años y a lo lejos reconozco a mi hijo -el extranjero- que jugaba y se divertía con unos niños de la cercanías si importarle de dónde vienes, que pasaporte llevas o que lengua hablas (al fin algo con lógica dentro de tanta discordancia), mi esposa-la extranjera- que me espera en la puerta y me reclama la demora, yo la miro con cara de pocos amigos y le respondo (contagiado con la incoherencia y solo llevaba unas horas en la patria): ¡bueno mi’ja ya tu sabes!, ¿no?, y salgo disparado para el fondo buscando a mi padre, nos sentamos, todos, a compartir "Experiencias cerveceras" y así se va la noche, sin mucho que hacer y pensando que al otro día hay que salir volando bien temprano.
Día 2: Amanece con algo viento y con probabilidades de lluvia, pero igual, no tenemos opción, hay que hacer los trámites hoy, ya mi mamá se había levantado y la casa olía a la invención nacional: café ligado con chícharo recién hecho, me tomo un poco, me pongo la ropa, pregunto si todos los papeles están en orden y salgo como flecha india en shorts, camisa y sandalias a buscar un taxi privado que nos acerque hasta la dichosa oficina y por supuesto que yo sabía del lugar idóneo para ello: “la terminal de ómnibus”.
El primero que se me acerca me pregunta a donde voy y sin mucho tiempo le canto el itá,
Mira hermano -le digo- necesito me lleves a mí y mi familia hasta la oficina de inmigración en la ciudad, ¿cuánto me cuesta?
Chofer: bueno el carro es a 20 pesos por persona, me caben 6 que son 120 pesos, el carro entero te cuesta 5 dólares
Nacional: dólares o CUC? Si es en dólares me salvé.
Chofer: no papa, en CUC, la moneda dura aquí, pero si quieres esperas a que se complete y te sale más barato, ¿cuántos son ustedes?
Desgraciadamente yo no tengo tiempo.... (Pensamiento microsegundal)
Nacional: no, no, hermano, vamos a recoger a mi familia que son 3, y no hay lio, yo te pago el carro, es que tengo que acabar de salir para poder regresar temprano.
el chofer me señala que me monte un castigo americano (auto Chrysler de no que año con lector de CD de computadora empotrada en la guantera y una curiosa cuerda en la ventanilla izquierda) y así lo hago, salimos al centro del pueblo para terminar montados mamá, nacional, la esposa extranjera y mi hijo extranjero que no había con quien dejarlo, emperfumados todos y con rumbo a lo desconocido, definición de desconocido que se reafirmaba cuando la fuerte lluvia en la carretera nos nublaba el cristal frontal mientras el chofer luchaba ingeniosamente para mantener la mano derecha en el timón y la izquierda en la parte de afuera de su ventanilla batallando con la cuerda (¿se acuerdan de la cuerda?) que era la que movía la única escobilla limpiaparabrisas que tenia el “castigo” al mismo tiempo que, él, hacia contacto visual con los pasajeros para no crear pánico. así se sucedió el viaje: lluvia que cegaba, 80Km por Hora en las curvas con baches, lucha del chofer por mover la escobilla frontal, mi esposa que aguantaba el aliento, el chofer que miraba para atrás y mi esposa que sudaba, pero así y todo, llegamos 45 minutos más tarde, asustados, sanos y salvos al destino.
Hoy esto debe estar suave, es sábado, así que lo tuyo es rápido, -dice el chofer-.
Por un momento estuve tentado a pedirle nos esperara, pero contando con que los días fáciles en la isla se convierten en difíciles en una fracción de segundo y que, por sobre todo, no quería de nuevo arriesgar nuestras vidas montados en ese carro bajo la lluvia, le pagué sus sucu sucu y le di las gracias.
La oficina de inmigración no es muy diferente a otras instituciones, señora en la puerta que te indica que te tienes que sentar, al decirte quien es el último de la cola, y esperar mientras ella sigue conversando de “sabe dios que” con conocidos de los alrededores, 4 ventanillas de atención de las cuales solo una está abierta, dispensador de agua sucio y obsoleto que dejó de cumplir su función social hace ya muchos años, conjunto de, al menos 30, sillas escolares meticulosamente reagrupadas en dos secciones, pizarra informativa con el minúsculo listado de precios y un mural socialista de frases y consignas alegóricas a lo que sea, no importa. Allí nos insertamos como uno más en el reducido grupúsculo de dos que esperan por extranjería, 20, 25 (pasan los de adelante), 30 minutos, 40.... La atención que demora y el tiempo que pasa, creo que hay que hacer algo ya son casi las 11 y el banco puede cerrar en cualquier momento, me dirijo a la señora de la puerta que ahora acomoda sombrillas en una esquina y le comento mi necesidad, amablemente me dice que la siga, me entra en una oficina donde, los que nos antecedían para extranjería, conversaban plácidamente con el encargado mientras ponía cuños, la portera de verde me presenta y el señor-acuñador, de verde también, me dice:
Ahh tu eres la persona que llamó ayer por lo de los tramites, ¿no?
Y yo deduzco que sí, bueno al final no deben haber tantos en la misma situación,
Si soy yo -respondo-, y quería por favor que me revisara los pasaportes para ver qué tipo de sello tengo que comprar, ¿puede?
Estampador de cuños: si, como no, déjame ver las visas, a ver! A ver!! Si, ellos entraron con visa A1 (turista) tienes que comprar 2 sellos de 20 CUC por cada uno, los traes y les cambiamos la visa, y no importa si te demoras ¿ustedes son los próximos no?, yo paso a tu familia y voy haciendo los papeles. ¿Trajeron al dueño de la casa?
Nacional: si claro, ahí está mi mamá
Acuñador: ok, entonces no hay líos, ve y no te demores.
(Pensamiento del nacional: ¿Tendría algo más que agregar a esto?)
Doy las gracias, salgo de la oficina, le hago una seña a mi esposa de que salgo por los sellos, que la quiero y que no demoro,con otro gesto le pido que no pierdan de vista el turno y me dirijo a la salida donde una de esas mulatas cariñosas de espíritu triunfador y difíciles de olvidar, por más ausencia de carne que de ropa en su cuerpo, entraba al recinto como cuidando lo suyo, acompañada por un señor al menos 30 años mayor y preguntando por la cola de extranjería. Me pregunto: ¿serán familia?, desgraciadamente de esa parte no me voy a enterar así que mejor me voy a comprar los sellos
© A. Valdés

02 marzo 2010

Capítulo 2. “Las primeras 24 de las 72 horas”.

El auto que nos transporta desde el aeropuerto es uno de esos artefactos dignos de una alabanza a la persistencia -asientos descosidos, olor a gasolina, polvito en la pizarra, manillas rota- pero no importa, ya somos libres y ahí vamos -ventanillas abiertas- como perro despeinado que se lo lleva el diablo y sorteando los muchos baches de la carretera.
Hay algo en el viaje que le hacía más difícil la tranquilidad a mi esposa y es que solo teníamos pocas horas para hacer los trámites legales porque en realidad “las famosas 72 horas” no son días hábiles o de trabajo, no!, solo son las 72 horas siguientes al momento de tu llegada en las cuales también se incorporan las 24 del domingo (día que hasta dios descansa), como tope a esta intranquilidad le sumariamos los sobresaltos viales, gracias a su personalizada traducción del código de conducción, que cada cierto tiempo nos exponía el chofer de aquel Peugeot “ancestral”, todo ello hacia el viaje más difícil, no obstante a ello una hora más tarde, entrabamos, “sin rasguños”, a mi pueblo natal. Como siempre es inexplicable la emoción del reencuentro con la familia (inclúyanse gritos y hasta lagrimones), saludos a los amigos, miradas indiscretas por las rendijas de las ventanas del barrio y hasta inevitables cuchicheos y miraditas colaterales de los no saludados que amenizan el momento, los cuentos, las risas y mi hijo (el extranjero) que se escapaba en short y sin zapatos a la acera como si se sintiera parte del medio hacia el tiempo más corto, se nos acortaban las 72 horas, quizás por ello en uno de esos intervalos entre conversaciones en el cual decía mi abuela pasaba un ángel se me ocurre una idea genial: llamar a inmigración, si, llamar a inmigración y preguntar cuales son los tramites, cuanto me cuestan y los horarios de las oficinas relacionadas para que no me agarre de susto, lo jodido es que el susto me lo dio el tratar de encontrar un numero en el directorio “páginas amarillas” (que tiene más hojas azules que del color que se nombra) para terminar haciéndolo al método antiguo (y mucho más eficaz en la isla), preguntar a el vecino de enseguida que con rapidez y seguridad responde; pido entonces un poco de liquido para calmar el ardor de la garganta y comienzo la faena incansable de tratar de comunicar cuando, increíblemente, después de una animosa voz que declaraba congestión en las líneas, levantan el teléfono.
Voz (femenina, que no se si llevaba medias caladas): Inmigración provincial buenas tardes,
Nacional con esposa e hijo extranjero: buenas tardes señorita, yo quisiera saber cuánto me cuesta los tramites de la visa de familia, (interrupción)
Usted querrá decir el cambio de visa. (Me comenta la voz femenina)
Nacional: bueno sí, eso mismo, yo entré hoy por el aeropuerto con mis esposa e hijo pero se van a quedar en mi casa, que no es mía, es de mi familia, y me han dicho en aduana que solo tenemos 72 horas para los trámites migratorios y... (Interrupción nuevamente por la voz femenina)
¿Son su esposa e hijos extranjeros?
(La respuesta a esta pregunta ya todos las saben pero de todas maneras le tengo que responder)
Sí, mi esposa es extranjera, y mi hijo también nació en el extranjero, pero su papá, en este caso, el que le habla, es cubano.
Voz de oficina: bueno eso no importa (reflexión del nacional: ¿ah no? ¿Y que importa entonces? Cierre del pensamiento) usted debe cambiar el tipo de visa, espere un momento que le paso con otra persona.
yo ya estaba preparado para esto, mira que después de toda la explicación, ella, la voz de oficina, no era la que debía atenderme, voy a tener que hacer el cuento de nuevo para terminar, con suerte, en hora y media.
La voz femenina deja el teléfono descolgado y a la mejor manera de intercomunicación criolla mete un grito a otra fémina que le responde preguntándole de que se trata y ella, a su vez, a alta frecuencia comunicativa le responde con el tema en cuestión:
Es un caso de un cubano con su familia extranjera que quiere cambiar el tipo de visa (vocifera)
Voz femenina en la lejanía: oh, entonces pásamela a mí. (¿cómo? Que se la pa-que?, Esto está muy duro,-pienso yo-)
Voz de oficina: que en donde te la paso chica... (Definitivamente esto es lenguaje de adultos)
Voz de la lejanía: en mi oficina mi’ja, en mi oficina.. (Final de la nota erótica).
Vuelvo a sentir un timbre telefónico que levantan al segundo timbrazo para dejar escuchar otra suave voz femenina,
Voz de la lejanía que ahora me atiende: dime mi amor que es lo que quieres,
(Esta conversación mejor no se lo cuento a mi esposa la extranjera pues si le digo a ella que una voz, calificándome de su amor, me ha preguntado que quiero y, todo ello, precedido por el intercambio verbal anterior pues decide no ir a ese lugar)
Nacional: es que ya le decía a la otra persona que nosotros......... (Y ahí viene la misma explicación, pero sin las interrupciones, la cual no vamos a transcribir esta vez)
Voz femenina: ¡ahh!!! bueno mira, eso son dos sellos de 20 CUC* por persona.
Nacional: ¿también por el niño?,
Voz femenina: si mi amor (y dale con la cariñosa) si el niño nació en el extranjero y no está registrado como cubano también paga lo mismo.
Nacional: coñó!!!! Bueno ok, 80 CUC ¿y qué más?
Voz de la cariñosa: bueno tienes que venir a la oficina de inmigración en horario laborable con los sellos, ten cuidado pues los bancos no trabajan mañana sábado y nosotros estamos abiertos solo hasta la 1pm.
Vaya, ahora si me la pusieron dura, resulta que las 72 horas se me reducen a 14 horas laborables y de ellos si el banco no trabaja el sábado pues solo tengo 9 horas disponibles para hacer el trámite, de verdad que no puedo hacer partícipe a mi esposa -la extranjera- de esto y no obstante tengo que resolver la situación de la manera más rápida.
Nacional (yo) que todavía tenía el teléfono en la oreja: bueno ok, déjame ver qué puedo hacer, gracias
Voz de la cariñosa: de nada mi amor.
Rápidamente pregunto a la parentela si es que el banco del pueblo está abierto para comprar esos sellos e ir adelantando, lo que no sé es por qué al mismo tiempo empecé a dudar de la veracidad de la información que había recibido, a lo mejor fue la explicación tan escueta y cariñosa lo que me rebotó la duda, o no sé, lo cierto es que después de varios intentos de llamar al banco, decido retomar nuevamente la comunicación con la oficina de inmigración, esta vez, para ser un poco más insistente con las preguntas.
Timbre telefónico,
Descuelgan el teléfono y se deja escuchar nuevamente la voz que no logro identificar si es la de oficina o la cariñosa
Voz: oficina de inmigración buena tardes,
Nacional: buenas tardes señorita, yo llamé hace un momento para preguntar los trámites para el cambio de visa pero me gustaría saber que tipos de sellos son necesarios,
Voz femenina: espérate un momentico que te voy a pasar con otra persona.
Parece que esta vez sí que voy a dar con la persona indicada. A lo lejos escucho nuevamente un efusivo intercambio oral tratando de averiguar quién estaba a cargo de los trámites, en unos segundos la voz femenina se dirige a mí con la respuesta segura.
Voz: un momentico por favor que lo atienden enseguida…….. Y ahí mismo el grito de independencia: Oye te lo pasoooooooo………
Timbre de teléfono y rápidamente del otro lado una voz masculina:
Si dígame, buenas tardes
Si mire (le explico), yo soy cubano y vivo en....., y ahí nuevamente la misma “letanía” con todos los detalles que ya sabemos, otra vez sin interrupciones, pero con unas preguntas originalísimas:
Y, ¿con que tipo de visa entró su familia? Me cuestiona la voz,
(Pensamiento silente del nacional) Imagínate tú, que voy a saber yo todo esto de las visas y los decretos.
Bueno no sé (respondo yo), ellos entraron como turistas, creo, pues en el consulado cubano en el exterior me dijeron que yo podría pagar la visa de familia acá,
Voz masculina: no, no, no, no es visa de familia es cambio de visa pero bueno, primero tenemos que saber cómo entraron ellos para decidir de cuanto es el sello.
Nacional: bueno todos entramos por el aeropuerto pero, ¿entonces no compro los sellos?
Voz masculina: no, no, mira, acá hay un banco que abre mañana, si vienen temprano yo reviso los pasaportes y te digo que tipo de sello comprar, pero recuerda que estamos abiertos solo hasta la 1pm y tienes que venir con el propietario de la casa con su identificación y la propiedad de la casa donde aparezca su nombre.
Nacional: ok, otra pregunta ¿tengo que llevar a mi hijo? Es que el solo tiene 3 años.
Voz masculina: no, no, de él solo necesito el pasaporte y la visa, me imagino que tu hijo tenga tus apellidos ¿no?
Nacional: bueno sí, claro, el mío y el de su mamá además, tenemos también la certificación de nacimiento. (que si reflexionamos no sirven de mucho, tomando en cuenta que, no obstante a ser hijo mío, tener mi apellido y aparecer mi nombre en la inscripción de nacimiento tengo que pagar un impuesto traducido en visa debido a que, él, es considerado extranjero y yo nacional con residencia, o ciudadanía, en otro país)
Voz masculina: ah bueno entonces no hay problemas, vengan mañana para acá con todo eso y “matamos” eso temprano
Nacional: ok, muchas gracias mañana vamos temprano. (Silencio: A ver si no nos matan en el intento) y cuelgo el teléfono
A decir verdad no sabía si alegrarme o deprimirme con todo al respecto a las “famosas” 72 horas y el cambio de visa y la madre de los sellos, pero bueno, por suerte ya el agua tomaba su nivel y solo me quedaba hacer partícipe a los demás al respecto. Pongo a mi mamá sobre aviso de que buscara la propiedad, que juntara todos los papeles y que salíamos todos temprano al otro día para la oficina de inmigración (a 40 minutos de distancia de mi pueblo natal). Ya después de eso no había más nada que hacer, inclusive mi esposa -la extranjera- al enterarse de lo sucedido tuvo, por un momento, un gesto de complacencia queriéndome acompañar a cambiar algo del dinero efectivo que traíamos por CUC* y así poder comprar los sellos de la tranquilidad y pagar, al dia siguiente, el alquiler del “auto” -si es que hay todavía alguno que se le pueda llamar así-.
*(CUC: es la moneda convertible cubana con la que no se paga al cubano sin pasaporte extranjero y que día a día trabaja para mantener a su familia)
© A. valdés

Capítulo 1. "tienes 72 horas"

Día 1: “Y que he hecho yo para merecer esto”, pregunta clásica al pasar por la aduana cubana de cualquier “nativo” que regresa a la isla y que lleva marcado en su pasaporte las siglas emblemáticas que lo reconocen como un emigrante ilegal (quedado o desertor para el conocimiento político), uno de esos que decidió no regresar más a la isla pero que inevitablemente necesita el pasaporte isleño para entrar aunque sea eso-pagándolo muy caro- para lo único que le sirva y, por ahí mismo, lo que le toca a quien acompaña al nacionalísimo, dígase su pareja o hasta su hijo, que nacidos en otra parte del mundo van también - convoyados- a recibir un poco de esa presión emocional (necesaria) que conlleva el estar escoltando al personaje anteriormente expuesto, y más aun si por razones lógicas, placenteras, económicas o hasta humanas decidieron previamente no utilizar hotel y comprar solo boletos de avión para pasar este tiempo junto a sus con-familiares del terruño. ¡Bueno eso eh!
¿! Y que han hecho los otros para que los traten así?
Cuba es, posiblemente, el único lugar del mundo en que se trata mal a sus obligados ciudadanos, obligados ya que no obstante a haber escogido nacionalizarse en otro país nunca pueden renunciar a la nacionalidad de cuba. Desde que llegas-no importa tu procedencia- tienes que llenar el “papelito amarillo” y hacer la colita de los cubanos- por lo que recibirás una merecida “atención diferenciada”-, en ese caso no eres turista (eso ya los sabemos) pero tampoco eres nacional, eres un cubano (pues tienes pasaporte) con residencia en el extranjero y tal vez, por la definición anterior, es que las “inteligentísimas chicas de aduana” te piden eso: “La residencia”, no importa si tu les presentas el pasaporte o hasta la ciudadanía foránea, pues te vuelven a pedir con gesto de que no es tan difícil entenderlas: la residencia, es que no tienes la residencia?
Eso es lo que ellas quieren, no las culpes, es que no se han dado cuenta (a lo mejor no se lo explican en los cursos de superación) que la ciudadanía es el ultimo paso de cualquier proceso migratorio. Bueno, al final sales ileso pero no los tuyos, esas pobres e ingenuas personas que son tu familia y a los cuales no los dejan (para que a nadie se le olvide que las reglas las ponen ellos) hacer chequeo al mismo tiempo aunque la lógica diga que somos una familia, para las leyes aduanales cubanas yo solo soy un nacional y ellos son extranjeros que deben chequear, preferiblemente por otra casilla, antes o después, nunca al mismo tiempo. A los agentes aduanales cubanos les molesta todo, si hablas bajito, si mencionas todas las vocales y consonantes, si no entiendes, si estás cansado del viaje, si el niño es “intranquilito” pero sobre todo les molesta saber que vas (y por ese mismo camino los tuyos) a no pagar hotel, en ese instante ya todo cambia, has cometido el pecado capital caribeño, les llega el momento de la transformación para entonar la frase que muchos ya conocen: “si ustedes (tradúzcase en esposa e hijo sanguíneo del doliente) van para casa de la familia de sus esposo tienen 72 horas para reportarlo a inmigración (levantan la ceja, viran la boca y te echan una mirada provocadora) mientras acuñan graciosamente la tarjeta de turista, ni preguntarse entonces si mi hijo que no carga pasaporte cubano deja de ser mi descendiente no obstante a que tengamos inscripción de nacimiento y pasaporte que lo verifican, eso seria actuar con lógica y ya dijimos que la lógica no es de mucho arraigo en esos recintos, punto final, ya no te miran a los ojos y aprietan el botón que te lleva a abrir la puerta para la próxima habitación de castigo. pasamos por rayos X -sin miedo, no hay nada que esconder- de milagro no te hacen pasar también por el detector de mentiras, entonces te hacen pasar al otro salón donde vamos a lidiar con los habituales agentes aduanales flotantes que (de acuerdo a tu status y cantidad de equipaje) tienen el poder de decidir si te vas ileso o pasas por el inolvidable momento de pesar tus maletas, pues como no eres nacional, ¿o sí? (o sea que no vives en la isla) solo tienes derecho a 44 libras, en este caso mi esposa y mi hijo que no llevan pasaporte cubano son finalmente “afortunados” y no importa si se pasaron en las libritas, a ellos no los tocan -empiezo a pensar que mi hijo no sea mi hijo no es tan malo ¡no es verdad!?- el resultado es que, en toda esta espera rodeado y observado como en reality show la fortuna te puede tocar si las maletas salen sin males o marcas mayores o, como sucede en casos, nos aparezca por la estera con un diabólica marquita de MCX y no hay remedio, hay que echarle mano a la maleta marcada pues ya los ojos invisibles la detectaron y, yo como soy nacional, puedo hablar la misma lengua para defenderme de algo de lo cual no he tenido que defender en ningún otro lugar de este mundo, ahí mismo las preguntas:
Agente de medias caladas ¿es esa tu maleta?, Respuesta: Claro que si,
Medias caladas nuevamente ¿estás seguro?, Respuesta: Claro que si,
Agente medias y cerebro calado: ¿estás seguro que no viene ahí nada de tu familia?,
Esa es una de las preguntas para las cual no hay proceso de preparación posible, como puede pensar un agente de medias caladas que solo ha hecho maletas para ir al campismo popular que una familia que incluye menores puede preparar 3 maletas sin haberlo combinado todo, cuestión difícil eh!.... La respuesta es: claro que pueden venir cosas de mi familia pero es la mía, y así, como en cuento de hadas, va el nacional con maleta marcada, equipaje de mano y efectos personales, guiado por una agente de medias caladas directo a la pesa de los “desdichados nacionales” intencionalmente creada para verificar el peso de tu equipaje y en la cual debes poner todos los elementos (mientras tu familia te observa atónitamente) a menos que puedas explicar, cuando te quieran cobrar 10 dólares por libra extra, que la mochila en tu espalda es una cámara fotográfica y que ello no entra en el equipaje pues es un “articulo personal exento”, no obstante a la existencia de 5 agentes aduanales a tu alrededor ( 2 de ellas con medias caladas) que se miran incrédulamente en gesto de desacuerdo saliendo uno a corroborar la información con otro directivo (el 6) en una habitación contigua, solución del problema, el 6 confirma la veracidad del mandato (uffff!!!!) no te pesan la cámara pero si los otros elementos ( milagrosamente no me pidieron poner la billetera), ahí nos salvamos del impuesto pues se pasan de los 20 kilos permitidos pero te mandan como castigo, no nos burlemos, para la mesa de chequeo, donde te abren tu equipaje marcado. Sacas la caja de chocolate (que puede ser la C) y sacas dos pomos de vitaminas (que pudieran ser la M) al final ya sacaste M y C y la X? Que cosa es la X? Quien sabe, No hay problema, de esta salimos ilesos mi familia (los extranjeros) y los nacionales (yo), no hay impuesto que pagar y finalmente salimos, como siempre los últimos, la combinación maldita, nacionales que no lo son con extranjeros que decidieron optar por la antigua casa de su conjugue como aposento. Al fin veo el sol, un beso y un abrazo para los que te esperan y rapidito para el carro no vaya a ser que se arrepientan o cambien un decreto, y así nos vamos, increíblemente, alejándonos del puerto de llegada con una tarjeta de turista que grita desde dentro de la cartera que tenemos 72 horas para reportarnos y si no..... quien sabe, mejor espero a que se me pase.
©A. Valdés