13 abril 2010

Capítulo 7.“Las 72 horas”

Día 4: Cómo luchar contra lo imposible, eh? Para evitarlo, habría que ponerse en el lugar del cubano que vive en la isla y llegar a sentir, en carne propia como él, la incertidumbre a la que se expone día a día y más aún cuando, esa misma incertidumbre, le ha cambiando la vida de tal manera que, él cubano, llega a pensar que esa angustia es completamente normal, que esa incertidumbre suya es el desarrollo natural de las cosas o que hasta el mismo todopoderoso (para los más espirituales) se los ha impuesto de esa manera. Por eso mismo, es muy difícil que un nativo (sea por propia evolución psíquica o por lucha de contrarios en el añorado extranjero) que ya ha logrado superar esta barrera de la desesperanza, a su regreso a la isla vuelva a dejarse enclaustrar en este juego absurdo de esos que no han tenido las misma suerte. Así mismo –y si esto ya no es parte de tu realidad o a lo mejor, en el peor de los casos se te olvidó- como entender entonces el miedo a saber que no hay nada legal, el miedo a saber que cualquier reclamación que hagas te marca o el miedo que no te deja hacer nada por desconocimiento de las leyes o los decretos..¡Cómo hacerlo entonces!?
En algún momento, después que alguien me preguntaran el porqué de “tan pocas señalizaciones” en cuba, le había comentado jocosamente a mi esposa que la diferencia entre la democracia y cuba es sencilla: En la democracia todo está permitido a menos que, públicamente ya sea por ley o señalización (para ponerlo más gracioso) se te haya prohibido. Lo de cuba es diferente. Que no se conozcan las leyes o que no hayan señales, no quiere decir que sea Cuba un país más permisivo ¡no señor! ¡Ni te lo imagines! En cuba todo es ilegal (o prohibido) a menos que una señalización te lo permita. Fíjate en el caso de la calle: que no haya prohibición de doblar izquierda en el semáforo no quiere decir que lo puedes hacer, pues todos saben que es prohibido aunque no se conozca la ley que lo promulga ni el decreto que la invalide. Eso es el todo de la isla, cada mínima acción no es más que un espejo de la inmensa "irrealidad" que se vive, por ello, ni culpar al chofer y su miedo de que reclamemos la multa y lo embarquemos, en resumidas, él ya está convencido de que está haciendo algo ilegal y que todos al su alrededor lo saben pues, para también subsistir, deben cometer ilegalidades que no se convierten en problema hasta que chocan con el “sistema” o su aparato regulatorio. Por eso es que lo comprendo aunque no esté de acuerdo, y recuerda que infelizmente, para su propio deterioro, el desconocimiento y la incertidumbre convierten al ser humano en más cobarde y más incompatible a cualquier cambio (si es que se puede utilizar el término). Entonces? Puedes entender por qué no puedes esperar una actitud diferente a la del chofer cuando trata de que no llevemos la multa a inmigración?.....
Mi abuela y mi madre que, en la mesa del comedor, compartían el apurado desayuno con nosotros me miraban con una cara de no haber entendido mucho pero de concordar con todo mientras, mi conyugue, solo asentaba con la cabeza. Desde la cocina mi hijo que pedía arroz con frijoles para el desayuno y, finalmente desde la acera, la sorpresa de la llegada (antes de la hora acordada) de “el multado” con su “Peugeot desbaratadito” me iba sacando de tanta verborrea y haciéndome entrar nuevamente en frecuencia. Me levanto de la mesa para abrirle la puerta y dejarlo pasar. “El multado” (que repara en mi ropa: sandalias y chores) me pregunta: oye... ¿y no era que había una vieja imperfecta con tus chores el otro día en inmigración? ¿Tú vas a ir así?
Yo: claro que si hermano y además intencionalmente, si lo que estoy loco por que me digan algo….
Se ve que ya tu no vives en esta candela papa –se ríe maliciosamente y continúa- mira, hablando de eso, tú no crees que sea “innecesario” toda esta pérdida de un día para ti con esta multa… (Yo que le corto la conversación) Mira compadre, te voy a responder suave pero preciso, yo puedo entender que no quieras que te marquen en la policía como tú dices, pero de todas formas ya lo estás ¿eh? Aparte, ya te dije que esto lo hago más por nosotros que por ti y si al mismo tiempo te quitan la multa pues te salvaste ¿no crees?
El multado: bueno sí, eso es verdad ¿entonces nos vamos?....... Y como tomándole la palabra, no sin antes haber tomado nuevamente café “bautizado” y despedirnos de la parentela, nos adentramos: multado, nacional y extranjeros con visa A2, en ese caricaturesco e indescifrable mundo de la “almendrotransportación” con el cual, y a lo mejor milagrosamente, llegaríamos una vez más hasta las oficinas de la ciudad.
La carretera, cuando ya se nos acababa el repertorio de la multa y las historias del chofer sobre la relación con su esposa y su hija, se hacía aburrida y tediosa entre tanta soledad y baches. Ya no había mucho que revelar. Me dedico a contar las curvas y pierdo la cuenta, casi llegando a la ciudad, en el numero 112 cuando el multado interrumpe el silencio de los últimos 20 minutos con la historia de la mala suerte con los carros y las mujeres del otro chofer (aquel que nos había buscado en el aeropuerto)….y que si había estado casado con una extranjera y que la misma extranjera le había pedido el divorcio al poco tiempo de haber pagado, él, toda la boda con su dinero.. Vaya, que toda una historia a la cual le ponía mas asunto mi esposa que yo mismo que seguía concentrado en las posibles alternativas de comunicación para con “los agentes” de inmigración. Entre la famosa historia entramos a la ciudad, nos dirigimos entonces hasta las oficinas que nos habían recibido 48 horas antes y nos bajamos del carro. El chofer nos mira con cara de animalito asustado sugiriéndonos que podemos llamarlo en caso de que necesitemos que nos recojan a la vuelta, le pago el viaje, mi hijo da un salto y se para en la entrada del sitio mientras mi esposa se encargaba de revisar que nada se quedara. Nos recibe en la puerta la misma señora de dos días atrás (la vestida de verde) que nos mira como queriéndonos reconocer al pedir la razón de nuestra visita, le hago saber que vamos para extranjería y muy amablemente ella (mientras le hace una seña con quien hablaba) me indica a quien seguir para esos trámites mientras en la oficina del acuñador un grupo de personas explicaban sus razones para ser meritorios “del cuño”. El lugar estaba más lleno y, me imagino que por ser lunes, de las 4 ventanillas de atención tenían 3 abiertas (de verdad que somos unos afortunados) en una de las ventanillas reconozco a “la satélite” (si, la misma que me había señalado como mal vestido el sábado) y que trataba, en ese momento, de terminar una conversación, no muy amistosa que digamos, con un señor que exigía una respuesta por la demora de sus papeles migratorios y su intención rotunda de ver al jefe para plantearle su queja. “la satélite”, en tono más alterado que el mismo doliente, trataba de evadir en todo momento los argumentos del señor mientras que este, ya casi gritando, perdía cada vez más la paciencia con ella al solo escuchar de su boca que tenía que esperar. Los ánimos se exaltan, los que aguardábamos nos miramos absortos. el satélite y el doliente se gritan más de una vez y la cosa se pone “caliente”, otro agente (que viene a aplacar la discusión) le pide al señor que se siente y espere no sin que antes "la satélite", que lo sigue hasta donde se agrupaban las sillas, le advierta que para evitar “escandalitos” en el sitio todo lo que tuviera que expresar lo dijera delante de “LA” superior (parece que era mujer) y no en la sala, al mismo tiempo que ella me echa –la satélite- una mirada como amedrentadora sin reparar o advertir los shorts y las sandalias (a lo mejor y como era lunes su decreto de: “no chores” no se ponía en práctica). Al doliente ¡el pobre! no le queda más remedio que asentir y finalmente, más calmado, se cambia de silla para una muy cerca de nosotros, situación que, sin pensarlo dos veces aprovecho yo para preguntar por la causa de tanto desespero. Respuesta del doliente a mi interrogante: todo esto es por los papeles para la ciudadanía española que los puse desde el 2007 y todavía ellos no me los devuelven cuando ya casi me llega el turno en la embajada española. Esa mujer tiene un peloteo conmigo como si uno fuera un “mongólico”, pero lo que me jode es que no te expliquen qué carajo pasa con los papeles.
Yo: ¿y es que hay tantos haciendo esos trámites que se demoran tanto?
El doliente: hay mijo, un millón, ¿tú no sabes ahora todos quieren ser españoles?… Miro a mi esposa con cara de pasmado (esta si no me la sabia) no me imaginaba que había tanta gente tratando de hacerse a la ciudadanía española, supongo que sea una de las vías que tengan para escapar y me imagino -como en una película- la gente tratando de encontrar el más insignificante pasado ibérico de sus ancestros para poder reclamar su derecho sanguíneo a ser peninsulares.
Claro muchacho- continua el doliente- no ves que cuando tienes el pasaporte español ya eres libre de viajar a donde quiera, hay gente que ni le importa buscar su familia, ellos lo que quieren es el pasaporte pa’ escapar de aquí. Así, entablamos una conversación de preguntas y respuestas a la cual se une un señor bastante gracioso que había estado a nuestras espaldas, con un acento español más marcado que el del mismísimo rey y con un sin fin de historias de la embajada española, las colas y las decepciones. Desgraciadamente, para ponerle fin a este buen momento más rápido que tarde, “la satélite” regresa pidiéndole al doliente que la acompañe y nos quedamos todos con ganas de seguir escuchando. Por unos segundos el lugar se queda en un silencio que solo es interrumpido por la interminable conversación de la portera con los que pasaban o entraban al sitio. Nosotros, que ya llevábamos unos 15 minutos sin el doliente y sus historias, chequeamos con los que nos antecedían el tiempo que les había tocado esperar. Como un flashazo veo salir del interior, con una carpeta llena de papeles y preocupado, a un primo de mi mamá que se dedica a la renta de cuartos a turistas (hostal pa’ yumas, como diría un buen cubano). Le corto el paso: que hay primo ¡cómo andas! -Coño!!!! Qué bueno verte –me dice él- el otro día llamaste a la casa pero estaba complicado (mira a los lados y baja sospechosamente la voz) estoy aquí pues mi sobrino que se fue en balsa llegó anoche pero no quiere salir de la casa ni dejarse ver mucho, por eso vine temprano (ya recuperando el tono de voz)¿van a pasar por allá? -Si claro –le respondo- en cuanto termine aquí me llego por allá, pero tú sabes lo lento que es esto ¿no?
Bueno ok –añade él- entonces los espero ¿está bien? y se despide con paso apurado.
Tremenda intriga eh! –Repara mi esposa- lo de ayer era folklore pero esto de hoy es intriga, como dices tú.
Yo: ¿si, eh? Es que ese medio-primo mío del que él habla se fue en balsa hace como 5 años y vive en Miami, yo creo que trabajaba en esa época en algo de turismo, y parece que ahora es que viene por primera vez pero tiene miedo de que lo vea alguien y empiece la “chivatería” y la envidia y lo cojan acá por cualquier motivo.
Bueno –retoma mi esposa- yo eso no lo entiendo mucho pero…. si tiene miedo pa’ que viene? (Deducción muy lógica) y, si ya está aquí y con esa lucha ni lo disfruta él y preocupa más a los demás...¿No crees?
Nada mi’ja –contestándole yo- esos son sentimientos demasiados difíciles como para poderlos entender, que te puedo decir. Cortando el tema del balsero puesto que mi hijo, que por espacio de 45 minutos se había portado “decentemente”, comenzaba a hacerse notar en el lugar. Se me ocurre ahí mismo que la portera podría darme alguna otra solución a la espera y sin pensarlo dos veces fui a su encuentro. (De frente a ella) Por favor, usted podría decirme si hay alguna manera de ver al encargado de una reclamación de multa no obstante a tener visa A2? es que la oficina de extranjería está repleta hace rato (señalándole hacia el cubículo). La portera me mira y achina los ojos como examinando lo más recóndito de su cerebro, se toma unos segundos y me dice: espérame aquí que yo creo que eso lo atiende otra persona. La señora deja su puesto de trabajo para chequear en las ventanillas y con la que habla, a la vez, sale hacia el fondo y regresa rápidamente pidiéndonos que pasemos con ella a la oficina del jefe. ¡Tú ves! teníamos que haber preguntado antes –me reclama mi esposa- en lo que nos abren la puerta de la jefatura ante la mirada atónita de los “otros agraciados” que seguían esperando su turno. La señora que nos guía (también de verde) nos abre una puerta y nos pide que continuemos hasta la oficina del fondo donde nos esperan “los encargados”. Abrimos la puerta (pedimos permiso) se nos invita a sentarnos. Se presentan los encargados (4). Nos presentamos nosotros (nacional con dos extranjeros), le exponemos nuestra queja y nos piden ver los pasaportes. El encargado #1 revisa minuciosamente los documentos mientras yo, les cuento lo acontecido dejándoles claro que, si mi única preocupación era la posibilidad de que multaran a todos lo que nos montaran en sus carros de que servía, entonces, haber pagado 80 CUC por la supuesta legalidad. El encargado #2 solo escucha y niega con la cabeza. El encargado #1 me mira y dice: a ver (diciendo mi nombre) yo creo que no hay problemas, ustedes están legales y no veo el por qué ese policía le puso la multa al chofer, inclusive (vuelve a decir mi nombre) la policía tiene conocimiento de este tipo de visa, yo creo que ellos ni la miraron (repitiendo mi nombre con un tono afable, como de amistad) situación que aprovecho para promover una conversación que indagaba un poco más en la legitimidad del decreto en cuestión y creándoles, a los “encargados”, más dudas sobre la manera en que se aplicaban estos decretos en la carretera. Después de varios minutos y viendo, ellos, la complicada que se estaban llevando, uno de los encargados resume de la siguiente manera: mira… (y vuelve a decir mi nombre) eso ya se sale de nuestras manos, yo creo que eso tiene que ver con la delegación provincial del ministerio del interior (vaya, ya empezó el famoso peloteo) yo creo que si ustedes quieren pueden ir hasta allá y poner la queja, es lo mejor, pero para nosotros (dice mi nombre nuevamente) ustedes no tienen ningún problema, es que esa gente de la policía no se saben los decretos, ven acá ¿entonces no había nadie de inmigración en el punto de control?
yo: no, solo habían dos policías
encargado#1: ah!!!! Eso es… (Repitiendo mi nombre), allí debería haber alguien de inmigración, por eso es que los que estaban no sabían de que estaban hablando.
Yo: Bueno. Entonces me queda claro que nosotros tenemos todos los papeles en regla y que no hay razón para que nos asusten más, por lo menos no por el transporte ¿no es así?
si mira -continua él, incluyendo mi nombre nuevamente- ustedes tranquilos, vayan a donde quieran y móntense donde quieran que ella en estos momentos es una cubana más y nadie puede multar a un chofer por ello, pero lléguense hasta la delegación del Minint (ministerio del interior) y pongan la queja, allí les dirán lo que pasó. ¿Está bien?
si gracias -respondemos nosotros no muy convencidos- pero si, si vamos a ir hasta allá no vaya ser que nos sigan multando por los 13 días que nos quedan ¿tú me entiendes, no? (y veo dibujarse una sonrisa maliciosa en más de uno de ellos)
Nos despedimos con un apretón de manos y se nos abre la puerta para retomar la salida de aquel laberinto oficinal en que nos encontrábamos. Tú conoces a ese hombre? Me pregunta mi esposa. Yo no creo (le contesto). No?-indaga mi esposa- es que decía tu nombre de una manera que tal parecía que te conociera.
yo: Pues chica, si me conoce no me acuerdo.(mientras abro la ultima puerta del pasillo)
Pasamos una vez más por la recepción, miro a los lados, no había ni rastro del doliente (yo creo que el satélite lo desapareció para que no tener que verlo más preguntando por sus papeles) pero todavía, después de 30 minutos, veía las mismas caras en las sillas del salón de espera. Salimos a la calle, el día estaba muy bonito, le propongo a mi esposa caminar por el malecón y ella acepta mientras mi hijo se desprende a correr por la acera. Llegamos hasta el prado tomando la bajada en busca del litoral, miro el reloj y le pregunto a mi esposa: ¿tú sabes que se cumple ahora mismo?
No, no se que se cumple en este mismo momento -indaga ella.
Pues que exactamente hace 72 horas que estamos en cuba –le revelo maliciosamente.
Pues mira chico, ni lo celebres mucho –dice ella- no vaya a ser que sigamos con la misma mala suerte de hasta ahora (idea que pone un poco de risa en nuestras caras). Las calles estaban llenas de niñitos que descansaban o jugaban en el muro costero. Los pescadores tiraban sus redes bajo un sol que acechaba y, ya que el hostal “para yumas” de mi medio-primo estaba muy cerca, decidimos hacerle la visita para acordar con él una comida con toda mi familia y así, de paso, ver si chocaba con el balsero recién llegado, pero como estaban las cosas a lo mejor ni salía del cuarto. ¿Tú crees? Pregunta mi esposa.
Nuestra entrada al hostal no es que haya sido de las más placenteras que digamos. Había una tensión que inundaba el lugar. En la casa todos nerviosos y el medio-primo que renegaba en cualquier esquina del “policía hijo de puta ese”. Saludamos al recién llegado (primo-segundo, el balsero) cual nos reafirma su intención de no salir mucho y en tono burlón decirnos: Yo no entiendo nada primo, pero esto está en llamas desde hace un rato. El pariente, dueño de la casa, trataba de localizar desesperadamente por teléfono a otra persona que los tenía (según él) que ayudar y… yo (que ni corto ni no-chismoso) le pregunto: oye primo y ¿qué te pasó? Hace una hora tú estabas de los más bien eh?
Ni me digas nada compadre –me responde- que la policía cogió preso al muchacho que me lava las sabanas del hostal cuando las traía de lejísimo en bicicleta y, encima, lo están acusando de ladrón y yo que no tengo para cambiar la ropa de cama, aparte de que me están arreglando unos colchones que tienen como 40 años y, como si fuera poco, esperando a dos jineteras que vienen con sus “yumas” a hospedarse a las 4 de la tarde, vaya que estoy como loco. Mi esposa me mira y yo, obviando el tormento del contorno, camino hasta el balcón y me paro a detallar la construcción del frente donde, intencionalmente, un cartel enorme con la cara de Raúl castro señalaba como verdaderos revolucionarios aquellos que habían aprendido a vivir con las carencias y que esa acción era lo que los engrandecía. ¡No me jodas! ¡Pa’ su madre! ahora el mejor revolucionario es el que menos tiene, exceptuándolo a ellos, claro!!! -Me rio con mi esposa-. El aire nos daba en la cara mientras a nuestra espalda la locura de colchones desbaratados y llamadas telefónicas continuaba. No se divisaba la más mínima posibilidad de paz en esa “aldea” y no creo que la fuera a haber en largo rato. Las personas de la casa, sumidos en sus propios problemas, aparecían y se desaparecían dejándonos a nosotros como 3 como simples espectadores. Lo mejor es irnos oíste! –Le propongo a mi esposa-. Pero inclusive para despedirnos todos estaban muy ocupados, le sugiero entonces en buen cubano, que lo mejor es multiplicarnos por cero (desaparecernos de allí) y ella acepta sin reparos. Bajamos las escaleras sin que nadie lo notara ¡Coño, al fin salimos de esa locura! caminando una cuadra hasta la calle central donde decidimos esperar algún transporte que nos llevara al encuentro de un amigo nos había prometido regresarnos al pueblo. Pero en ese instante de la espera en la carretera no tenía otra opción que dejarme ser atrapado por el embrujo de Shakespeare en su Hamlet rezando (sin un cráneo en mi mano): “Ir o no ir a la delegación del Minint, eh ahí el dilema…..”
©A. Valdés

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