10 mayo 2010

Capítulo 9. "La Jineteología"

Día 5: ¡Vamos mamita, que ya es hora!...Intento despertar a mi esposa aprovechando su sobresalto al estallido de un tractor que trataban de arrancar (me da risa) sumándosele al acto una moto karpaty que, como terremoto de Haití, pasa por la esquina de la casa. Mi hijo, en cambio, continuaba durmiendo plácidamente. ¡Vamos, vamos! Que tenemos que levantarnos y recogerlo todo para salir temprano para la habana pues nunca se sabe lo que nos espera en la carretera. Eran como las 7:30 y (¡supuestamente!) el que nos “Peugeotransportaría” hasta la capital estaría recogiéndonos sobre las 9 para que, al mismo tiempo, el chofer fuera hasta la unidad de policía a los trámites anulatorios de la multa. Después de hacer fila para el baño nos sentamos a desayunar, acompañados de mi madre y abuela, que se quedan atónitas con la historia del día anterior habiendo confirmado, antes, con ellas, que todo estaba coordinado para las 9 y poder extendemos entonces, sedados y tranquilos, en una larga conversación matutina que pasaba por accidentes, prisioneros, planes para el viaje, recordatorios y, alguna que otra, llamada telefónica que se troncha (como si no fuera isleño) con la llegada del “Peugeot empolvado” 25 minutos antes de la hora acordada. Parecía increíble. De pronto y hasta los cubanos se acostumbran a ser puntual en los momentos menos esperados. Mi esposa empieza a meter maletas en el “descuarejingadito” ayudada por el otro chofer (el de la mala suerte), mi madre cargaba a mi hijo mientras yo, me sentaba un último momento, con el dueño del carro, a explicarle una vez más lo de la multa no obstante a haberlo hecho la noche anterior. Le pregunto, otra vez, si quiere ir conmigo a la unidad de policía en ese momento a poner la reclamación pues el jefe nos estaba esperando. El me mira con cara de “perrito acobardado” y me deja saber que “NO”, que "no quiere meterse más en candela”.¡Pero si ya lo estabas angelito! -Infiero yo-, pero me repite nuevamente que no, que es mejor dejar las cosas así (me da la sensación que esta “cagao” del miedo) me dice que el paga la multa y deja que las cosas se enfríen…
Mira mi herma –le digo- yo no sé cuál es esa teoría, al final ya tú estás marcado, primero porque ni te vayas a imaginar que la policía no sabe lo que tú haces con tu carro, y segundo por la visita de ayer a la delegación. Si hoy no vas pues le das la razón. Si quieres pagar la multa ok, yo tengo que respetar tu decisión pero me parece que entonces no deberías dedicarte más a esto.
No chico no, no lo veas así –me dice él- acá las cosas son diferentes y ya después yo me las arreglo…. tu vas a ver!.....
Yo, tratando de pensar como él, me quedo mirándolo “lelo”. ¡Ok compadre! –Le digo- haga lo que usted crea y buena suerte, en resumidas esa tu vida y tú sabrás que es mejor para ti. -Ahora entiendo (y lo peor es que no puedo quejarme) cuando las personas, incluidas él, me recomendaban no perder el tiempo en esa reclamación. Es como una reafirmación de ese principio (fundamentalísimo) que guía y mueve la sociedad cubana al son de: “Tienes que dejar que te la metan” (dicho en la jerga más popular), eso es. Es como una enfermedad en la cual no hay cura ni mejoría. Pase lo que pase -a cualquier nivel social- hay que dejar que te la metan y solo quejarte “bajito” (si puedes), o tratar de “metérsela” a otro. ¿Te parece esto gracioso? –Me desahogaba con mi esposa-… yo no sé qué carajo "pintaba" yo ayer comiendo “catibia” por allá tan lejos. Si, ya sé –confrontando la cara de mi esposa- ayer me dijiste que no me podía poner bravo, pero tengo que descargarme ¿no?
Mira –argumenta ella- al menos ahora, después de la entrevista de ayer, tenemos un punto para discutir y reclamar si algo nos sucede por la habana ¿no lo crees?
¡Y si!…creo que sí tienes mucha razón. Es mejor verle la parte positiva a todo esto: Él, se queda con la multa, me sigue manejando y yo, le pago sin coger más lucha con esto aquí pues, en resumidas, cada cual se la resuelve como le han dejado aprender, así que…. mejor me voy con la ola y que sea lo que sea.
Ya para ese tiempo (envuelto en bolsas plásticas para evitar se nos ensuciaran mucho en el “extra sucio” maletero) todo el equipaje estaba montado y, despidiéndonos de los que se quedaban incluido el “aguanta-multa-caratriste”, nos ponemos en marcha. Casi arrancando le pido a mi mujer, que ocupaba el asiento trasero, un pañuelo, aclarándole al chofer que me mira extrañado: Nada hermano, es que si aparece un policía y tengo que ponerme el cinturón, no tengo otra opción que un pañuelo en el hombro pues, la última vez, me dejó una marca prieta que ni a puño con jabón batey quería salir la mancha. El chofer se ríe como si mi explicación fuera un chiste y consiente en que el carrito está un poco sucio pero como no es de él pues no coge “mucha lucha”. Si ya sé -remato yo- esto es también gracias a lo que tantos años nos ha castigado la teoría de: “los que es de todos no es de nadie” y que se jodan lo que vienen. (Silencio rotundo)
Realmente hoy no era un día muy bueno para mí, así que opto por adelantar en el camino sin sacar mucha conversación. Le pido al “chofe” que no me ponga reggaeton ¡por favor! Accediendo amablemente en lo que apaga la radio. Por los primeros 45 minutos del viaje, el camino se hace callado, solo siendo interrumpido por algunos gritos de mi hijo y las preguntas de mi esposa, pero todo marchaba bien, todo en calma.
Ustedes me dicen cuando quieran parar -interviene el chofer cincuenta minutos más tarde- .
Tú no cojas lucha herma que nosotros estamos acostumbrado a tiradas largas, métele la pata y olvídate de eso –le respondo.
Seguimos el viaje en paz. Al “chofe” se le notaban las ganas de hablar pero sin poder encontrar la manera (yo, contento con ello). La carretera que se hacia por momentos estrecha y muy mala….. De verdad que este tipo es muy “guanajo” –rompe el hielo el conductor refiriéndose al dueño del carro- yo no se por que no fue a la policía después que ya te había metido en esto….
No mira, déjame explicarte- le respondo- él no me metió, nosotros nos metimos solos, y al final, si él no quiere buscarse mas problemas es cuestión de él ¿no crees?
Si ya, pero es que él tiene una mala suerte del carajo, todo le pasa a él, a mi nunca me han tocado y eso que yo manejo para todos lados, inclusive, cuando tengo que ir a la habana por lo de la ciudadanía… (Esta es nueva y no me la sabia –pienso yo-) ¿Ciudadanía de donde, hermano, es que tu no eres cubano? Le pregunto con malicia.
Él: la española hermano, la española. (Vaya, otro mas en la “comparsa” de la ciudadanía española, me imagino cuantos más me voy a encontrar en estas andanzas. De pronto, y hasta los negros amigos míos, se están haciendo ciudadanos españoles… ¡quien sabe!)
¿Y es que se demora mucho eso?!Me imagino cuanta gente se está haciendo la ciudadanía verdad!? –lo provoco-.
Él: ¡muchachoooo!, un millón (esta frase ya la habíamos oído), pero que más vas a esperar, hay que escapar de alguna manera ¿no? A mi eso es lo que me queda, pues ya yo lo perdí todo a manos de un “supuesto” amigo y de la extranjera con la que me casé pues la muy descará’ me pidió el divorcio por rebeldía cuando se enteró de que yo andaba con otra…. (Esta conversación se está poniendo buena). Mi esposa, que hasta ese momento se había relegado al espaldar del asiento trasero se hecha un poco hacia alante mostrando inusitado interés en el asunto y me abre los ojos como indiscutible pedido de querer más datos.
Yo: de madre papa, aquí todo el mundo tiene una historia y…. ¿como es eso de la extranjera?
El chofer, entonces, en un tono más “tristón”, divaga sobre la perdida de sus dos carros a manos de un “HP” amigo que se los roba para poder irse del país, mientras él estaba en la cárcel denunciado por el mismo “HP”, un plan maquiavélico que habían creado contra él para sacarlo del juego de la renta ilegal y la búsqueda de los “fulas”. punto donde arranca con lo de su boda con una extranjera que había conocido en el pueblo. La misma que, después, le pidió el divorcio. (Se calla por un momento). Me pregunta: ¿allá donde tú vives conoces muchos cubanos?
Si unos cuantos -respondo- no muchos, pero unos cuantos.
Y es que esta ciudad – insistiendo él nuevamente- (me da su nombre) ¿está muy lejos de donde tu vives?
Yo: no, no mucho, es como a una hora, son como 120 km… ¿es que acaso la extranjera es de ahí?
Él: ah bueno, entonces a lo mejor no conoces a una muchacha que es del pueblo y que vive por allá….
Yo: (regañando a mi hijo que quería abrir la ventanilla) si, si, claro que la conozco, a ella si la conozco y ella vive en ese pueblo, pero que tiene que ver eso con tu historia... (Nos habíamos quedado intrigados)
Él: no viejo, es que con ella fue que me casé y me embarqué…
Yo: pero ven acá mijo ¿no me acabas de decir que tú te habías casado con una extranjera? (mi esposa se acerca mas a mí. para la oreja. los ojos le brillan. no se porque a las mujeres les gusta tanto estas historias macabras, mi hijo se pone insoportable)
Él: si chico, ella es la extranjera, que tiene dos hijos y… (Yo que lo corto)…Espérate hermano, vamos a organizar esto. Ella, de la que me hablas no es ninguna extranjera, es una guajira del pueblo que se fue jineteando y que se nacionalizó en otro país, pero eso no le da el titulo de extranjera. Si me guío por tu comentario entonces yo soy también extranjero ¿no? Explícame eso hermano pues ahora mismo estoy “botao”.
Bueno, es que ella se hace pasar por extranjera y ya la gente la llama así –me aclara él.
Mira lo que son las cosas de la vida –interrumpo nuevamente la conversación- yo vengo con mi esposa, que es nacida en otro lugar, para que conviva conmigo en casa de mi familia y me la catalogan de extranjera cuando no debe ser así y  resulta que esta mujer, nacida, alimentada con boniato y que se jineteó a media playa viene ahora al cabo de los años a hacerse llamar “la extranjera” (me imagino que la negrita del rapidito del capitulo 4 haga lo mismo) pero.. ¡Como cambiar eso, eh! de verdad que nosotros los cubanos no tenemos limites….. (Mientras sigo instigando al chofer para que cuente)
Él: Mira muchacho esa historia es largísima, yo ya había hecho mi fortunita a costillas del alquiler ilegal de autos (se refería a hacer de taxi), pero como tenía un poco de dinero pues me iba hasta la ciudad a “putear” por las noches, y en una de esas noches es que la "tumbé", por lo menos eso creía yo. Estuvimos juntos hasta que ella, a la semana, se fue. Después ella regresó dos veces más, acá, de vacaciones, y como nos iba bien (claro yo le daba su merecido –nos dice el con cara de malicia-) ella me preguntó si me quería casar y yo, que no soy “come mierda”, le dije que si. En resumidas ella es más vieja y yo sabia en lo que estaba ¿no es verdad?
Claro que si –respondo yo-.(mi hijo se va quedando dormido)
Entonces nos casamos -continua él- yo pagué toda la boda que fueron como 2000 dólares….
¿Qué tú pagaste eso? Pregunto extrañado.
Si, yo pagué toda la boda, ella no puso un centavo, nos fuimos de luna de miel y “todo eso” (el significado de el "todo eso" me lo explicó) hasta que ella se regresó y me dijo que me pondría los papeles para sacarme de cuba. Yo pensé que había encontrado la gallinita de los huevos de oro, un poco vieja pero gallina al fin que es lo que uno necesita acá. El supuesto papeleo se demoraba y se demoraba hasta que la llamé un par de veces. Ella solo me decía que tenia que esperar y, como la espera se hacia tan larga decidí, entonces, ya que el dinero seguía apareciendo, de darme por ahí mi “corridita” con mujeres hasta que conocí a otra muchacha (cubana de la isla y que reside en ella, o sea, para nada guajiri-extranjera) y terminamos enamoramos. Pero nada es perfecto hermano –baja la voz- una “informante” de la vieja que vive en el pueblo la llamó para meterle el chisme y la muy descará’ (refiriéndose a la supuesta extranjera) me puso una demanda de divorcio por rebeldía. La última vez que la llamé le dije que no lo hiciera, que si ella quería yo le pagaba todo el proceso para que me sacara y después yo allá me las arreglaba sin tener que molestarla, pero ella no quiso. Me puso los papeles y, al mismo tiempo, la mala con mi familia, la cual me botó de la casa dejándome en la calle, la suerte es que me recogió la otra muchacha con la que estaba saliendo…. ¿Qué te parece?
Espeluznante –respondo mientras miro a mi esposa- (de hecho los dos conocíamos de quien nos hablaba el “chofe”) me parece tremendo eso que me cuentas pero ven acá mijo, ¿y tú no te distes cuenta de que te podía pasar eso desde el principio? Vaya, eso para no decirte que tú fuiste el jineteado en lugar del jinetero!
Bueno si -prosigue él- pero al final yo lo que quería era irme y ni una cosa ni la otra, y arriba de todo mi familia me bota de la casa por culpa de ella.
Bonita familia esa que tu tienes ¿eh? Y.. ¿es que te botan de la casa porque te jineteaste a una jinetera o porque no lograste que te sacara del país? (esquivamos un tractor de cargado de caña quemada)
No hermano –se repone él- esa mujer viró a todo el mundo en mi contra, como ella le traía “regalitos” a todos pues todo se pusieron de su parte.
No te puedo creer -interviene finalmente mi esposa.
Pues si lo vas a tener que creer y todavía no se saben la mejor parte –nos dice.
¿Ah no? Ven acá y que puede haber mejor que eso que te ha hecho esa mujer y tu familia? -le insisto yo, mientras él trataba de esquivar unas personas que, en el afán de llegar a su destino, bloqueaban la autopista mostrando dinero a cuanto carro se le acercaba-
Mira muchacho, esa “yuma” vino una vez más acá y se quedó en casa de mis padres pues a ella en su casa no la pueden ni ver, no se lleva ni con la madre ni con las hermanas y entonces, como era de esperar y haciéndose la dolida, se quedó en mi casa, o sea en casa de mis padres para terminar acostándose con mi hermano que tiene 16 años y mis padres lo aceptaron, inclusive, ahora sigue viniendo y se acuesta con él en la cama donde antes se acostaba conmigo y tiene a todo el mundo dormido con la historia de que se lo va a sacar de cuba muy pronto.
Aguanto (yo) la respiración. Le “meto” una mirada a mi esposa que hace un gesto de repulsa. Retorno la mirada, sin haber, él, quitado los ojos de la carretera (que por momentos les noté aguados) y una vez más, con el aliento cortado, le miro fijamente preguntándole: ¿eso es verdad o es un chiste tuyo?
Coño compadre, no me jodas, que es verdad y todo el mundo en el pueblo lo sabe -responde.
Yo: No, no jodas tú, no es que dicen: ¡pueblo chiquito infierno grande! Entonces ustedes eran los únicos que no sabían que esa mujer era así?
_Si hermano pero yo no sabía que mi familia me iba a traicionar por ella.
Si, es verdad, que tu familia te haya traicionado es lo que más me llama la atención y que dejen que esa “Jineta” se acueste con uno de 16 añitos es una actitud más vergonzosa que la de ella misma. Te voy a decir algo, y es en serio, yo conozco jineteras muy dignas, como igual te digo que no se puede juzgar a la persona por la profesión que tenga pues nadie sabe como ha llegado ahí, pero mijo, si todos en ese pueblo saben quien es ese angelito, o tu eres muy ingenuo o muy mentecato…..
Coño chico no me digas eso –confrontándome.
Claro te lo digo coño, así que tú estabas tratando de jinetear a una guajira que se hacia pasar por extranjera y resultas tú jineteado, arriba de todo, compra a tu familia con pacotilla y te botan a ti de tu casa…
No, yo creo que ella eso lo hace por despecho ¿no crees? –le pregunta mirando a mi esposa.
¿Por despecho? No mijo, eso se hace por “HP”, no me jodas, una cosa es la profesión y otro los sentimientos papito, y ¿ahora donde vives? ¿En casa de la otra novia que te recogió?
_Si, en casa de ella, a esa si no le importó que me haya quedado sin nada…..
No vaya –respirando aliviado- por suerte quedan gente honestas en esta tierra. No si yo te digo a ti que las historias de aquí si que son completamente “surrealista” (creo que esa palabra no la entendió él) y de verdad que no se por que la televisión cubana es tan mala con la cantidad de historias que tienen en la vida real. ¿Me decías tú que el dueño del carro es mal-afortunado? No jodas hermano, que por la historia que me nos haces usted si que es el rey de la mala suerte ¡eh! (y le doy un golpecito en el hombro)
No, si mira –responde más calmado- después de eso me metí en la iglesia y “el señor” me ha guiado por el camino de la paz, pero puedes estar seguro que si logro sacar la ciudadanía española le voy a caer a esa mujer allá a ver que dice. (La suerte es que el señor le ha dado paz por que, de lo contrario, si logra salir de cuba mata a la jinetera) y es que todo viene junto –continua él- pues, casi pegado a eso, es que el supuesto amigo mío, me da la mala con los carros, me meten preso y se va de cuba con el dinero en que los vendió. La suerte es que el dueño de este carro, que me conocía del pueblo y sabe que soy gente honesta, me llama para que le maneje y así me busco los pesos pues sino me hubiera tenido que ir en una balsa, o en un crucero, pues como yo nada más tengo terminado el preuniversitario no creo que me fueran a mandar de misión a Venezuela….
Esta deducción nos saca algo de risas al tiempo que le ponía, él, punto final a toda esta novela que nos había acompañado por las dos últimas horas con un sol que castigaba el techo del “sufrimiento”. Ya no muy lejos se divisaba la mancha de humo negro que tapizaba la habana mientras nos desviábamos un poco antes, en el primer anillo (como se le conoce), para evitar la zona del puerto. Quizás por algún que otro momento tratamos de retomar la conversación pero, los sustos en la vía, nos lo habían impedido. Entramos a la ciudad y yo, hacia un esfuerzo por reencontrarme con la habana de aquellos años en que, desde el cojín de mi bicicleta rusa (afortunado yo) la había descubierto, pero la tarea se me hacia muy difícil en este momento. La ciudad (en arquitectura) no había cambiado mucho. Solo un poco más descolorida, descuartizada y derrumbada pero todavía en pie con ese olor característico que no logro definir. Los semáforos apagados, bicicletas por doquier, las personas cruzando las calles a mediación de cuadra, el niño jugando pelotas en el solar, la señora tendiendo sus sabanas en el balcón y el viejito que vende limones en una carretilla caracterizaban la ciudad a la que había renunciado algunos años atrás, y que ahora me tocaba enseñarle a mi esposa e hijo. Ahí estaba la habana y yo rápidamente guiaba al chofer hasta el punto de desembarque insistiéndole que se arrime a la derecha. Me bajo del carro. Trato de tocar el timbre de la casa de los amigos que nos esperaban. Un señor que pasa por la acera me recomienda chiflar o gritar pues había “apagón” desde la mañana….. ¡Vaya, lo que nos faltaba! Me decido a hacerme notar y grito: ¡Que estoy aquí afuera carajo!!!!!!! Pero nadie se inmuta en la calle. Salen mis amigos muertos de la risa desde el interior de la casa para abrazarnos y ayudarnos con las maletas. Metemos todo apuraditos. Mi hijo se entretiene con los 3 perros y 4 gatos de la casa. Le pago al chofer despidiéndolo con un apretón de manos y una pregunta: ¡bueno que! te vas a llegar hasta la embajada española? (le guiño un ojo). El me devuelve el apretón de manos con un gesto de complicidad. Bueno, ya estábamos en la habana y como dicen muchos: La Habana es Cuba, lo demás es paisaje. Así que todo es permitido.
©A.valdés

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